JUAN DARIEN Juan Darien | Page 5

—Ahora le toca al alumno Juan Darién. Juan Darién dijo más o menos lo que los otros. Pero el inspector, poniéndole la mano sobre el hombro exclamó: —No, no. Quiero que tú recuerdes bien lo que has visto. Cierra los ojos. Juan Darién cerró los ojos. —Bien—prosiguió el inspector—. Dime lo que ves en la selva. Juan Darién, siempre con los ojos cerrados, demoró un instante en contestar. —No veo nada—dijo al fin. —Pronto vas a ver. Figurémonos que son las tres de la mañana, poco antes del amanecer. Hemos concluido de comer, por ejemplo... estamos en la selva, en la oscuridad... Delante de nosotros hay un arroyo... ¿Qué ves? Juan Darién pasó otro momento en silencio. Y en la clase y en el bosque próximo había también un gran silencio. De pronto Juan Darién se estremeció, y con voz lenta, como si soñara, dijo: —Veo las piedras que pasan y las ramas que se doblan. .. Y el suelo. .. Y veo las hojas secas que se quedan aplastadas sobre las piedras... —¡Un momento!—le interrumpe el inspector—Las piedras y las hojas que pasan, ¿a qué altura las ves? El inspector preguntaba esto porque si Juan Darién estaba "viendo" efectivamente lo que él hacía en la selva cuando era animal salvaje e iba a beber después de haber comido, vería también que las piedras que encuentra un tigre o una pantera que se acercan muy agachados al río pasan a la altura de los ojos. Y repitió: —¿A qué altura ves las piedras? Y Juan Darién, siempre con los ojos cerrados, respondió: —Pasan sobre el suelo. . . Rozan las orejas. . . Y las hojas sueltas se mueven con el aliento... Y siento la humedad del barro en... La voz de Juan Darién se cortó. —¿En dónde?—preguntó con voz firme el inspector—¿Dónde sientes la humedad del agua? —¡En los bigotes!—dijo con voz ronca Juan Darién, abriendo los ojos espantado.