JAVIER BALDA. MAIZTASUNAK-FRECUENCIAS-2018 Javier Balda -FRECUENCIAS | Page 82
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nifiestan en la búsqueda y transformación de los materiales de las que surgen, cuando sobrevienen etapas
en las que el arte (o simplemente sus imágenes) constituye solo un rastro soportado, indicio de desidia,
cansancio o agotamiento. Son momentos en los que se hace necesario reconocer los estados de prueba y
error, que necesitan de acciones más simples, sucias, híbridas, de fluidez y dejadez, que alivien una cierta
ansiedad de una obra más definida y permanente.
Este complejo juego de collages fotográficos, difusos y ordenadamente aleatorios –formados por foto-
grafías reproducidas, propias y ajenas–, supone también un anti-espejo de Narciso, frente al que cual-
quier imagen interceptada, movida, desubicada o fragmentada lo retorna a otro reconocimiento de sí,
y donde afloran sin pudor un depósito de recuerdos, un almacenaje gráfico de influencias, homenajes
y aprendizajes, que estabilizan su identidad en el proceso inagotable de crear imágenes. Recreo así una
irrealidad deudora de la abstracción, del cuestionamiento de la percepción y de una “incertidumbre
persistente” (con permiso de Gerard Richter).
El procedimiento de recortar y pegar supone un ajuste de cuentas personal entre el exceso de formali-
zación y de imágenes consumidas que hay que desandar, a veces olvidar, y la sospecha de una memoria
recurrente de formas. Cuando lo sabido deja de resultar válido y algo nuevo o distinto no acaba de con-
solidarse, consecuencias de “no tener todavía un lenguaje para nuestra ignorancia”, como lo describió
Gombrowicz. Obras en las que uno puede reconocer trazos de una arqueología futura.
De esta actitud expectante y descreída surge la apropiación de lo fotográfico y lo pictórico, como restos
sin filiación en una colisión de códigos que, con un verdadero placer de manipulación y ejecución, dan
paso a un cúmulo de estratos y sedimentaciones que conjugan nuevos espacios y significados sincopados
e intemporales, sin los valores convencionales del “instante detenido” o la densidad de la pintura.
Los fragmentos y despieces de esos collages también conllevan un efecto cinético, dinámico, que se
desplaza a imágenes en movimiento grabadas como acción de andar y transportarse, en recorridos y es-
tructuras urbanas. Capturas de movimientos repetidos, descontextualizados, que al emitirse en pantallas
contiguas generan un campo visual de frecuencias y relaciones aleatorias, creando un nodo de tramas
que se interrumpen y se intercalan en un trayecto errático, un continuum de extrañamiento abstracto,
con ciertas dosis hipnóticas y anti-realistas.
Gran parte de las ideas de un artista proceden de un tiempo anterior. “No hay nuevas ideas que salgan
de la nada. A veces lo parecen, pero suelen ser una visión de algo que hay antes”, recuerda Frank Stella.
Entre esa visión del antes escindido y el estímulo de la búsqueda, se cuela la repetición melancólica de lo
no hecho, de lo que quiso ser, en la que el artista ahora, inconscientemente, tan solo intenta reconstruir
algo de su pasado.
Time and limit of images
Javier Balda
In a personal duelling process with time and how it is represented, of constantly relocating per-
sonal memories and feelings, in cutting up, transferring and dissolving pages from magazines and
newspapers, I have found a procedure for accepting a certain kind of visual orphanhood with
regard to the outside world. This is not by chance, with the way that I appropriate fragments of
pre-existing images almost like a schoolchild, which reconstructs my own imaginary in found
art and manipulating fashion, architecture, design and consumer publications. The driving force
behind painting is momentarily left suspended and neutralised; the material that leaves its mark.