inversiones inteligentes 1 | Page 93

UN SIGLO DE HISTORIA DEL MERCADO DE VALORES apreciarse con claridad; prácticamente todas las previsiones tenían tintes alcistas, y conservaron ese cariz durante todo el período de subida de 1964. Posteriormente abordamos la tarea de evaluar los niveles del mercado imperantes en noviembre de 1964 (892 para el DJIA). Después de abordar reflexivamente el nivel desde diferentes perspectivas, alcanzamos tres conclusiones principales. La primera fue que «los viejos criterios (de valoración) parecen inaplicables; todavía no existen nuevos criterios que hayan superado la prueba del tiempo». La segunda conclusión fue que el inversor «debe basar su política en la existencia de grandes incertidumbres. Las posibilidades abarcan los extremos; por una parte, de una prolongada subida adicional del nivel del mercado, por ejemplo del 50%, hasta llegar al 1.350 en el caso del DJIA; o, por otra parte, de una caída imprevista en términos generales de la misma magnitud, que llevaría la media al entorno del 450». La tercera conclusión se expresaba en términos mucho más claros. Afirmamos 10 siguiente: «Dejándonos de medias tintas, si el nivel de precios de 1964 no es demasiado elevado, ¿qué precio debería alcanzarse para que pudiésemos decir que el nivel de precios es demasiado elevado?». El capítulo concluía de la siguiente manera: ¿Qué curso de actuación se debe seguir? Los inversores no deberían llegar a la conclusión de que el nivel del mercado de 1964 es peligroso simplemente porque 10 han leído en este libro. Deben ponderar nuestras argumentaciones con la argumentación contraria que escucharán a la mayor parte de las personas competentes y expertas de Wall Street. Al final, todos tenemos que adoptar nuestras propias decisiones y aceptar la responsabilidad que ello entraña. Nos atrevemos a sugerir, no obstante, que si el inversor tiene dudas sobre el curso de actuación que debe seguir, debería optar por la vía de la precaución. Los principios .de la inversión, tal y como se exponen en el presente, exigirían la siguiente política en las condiciones imperantes en 1964, en orden de urgencia: 1. No endeudarse para adquirir o mantener valores. 2. No incrementar la proporción de fondos destinados a acciones ordinarias. 3. Reducir la cartera de acciones cuando sea necesario para realinear su proporción hasta un máximo del 50% de la cartera total. El impuesto sobre plusvalías deberá ser abonado con el mejor talante posible y los fondos 95