UN SIGLO DE HISTORIA DEL MERCADO DE VALORES
apreciarse con claridad; prácticamente todas las previsiones
tenían tintes alcistas, y conservaron ese cariz durante todo el
período de subida de 1964.
Posteriormente abordamos la tarea de evaluar los niveles del
mercado imperantes en noviembre de 1964 (892 para el DJIA). Después de
abordar reflexivamente el nivel desde diferentes perspectivas, alcanzamos
tres conclusiones principales. La primera fue que «los viejos criterios (de
valoración) parecen inaplicables; todavía no existen nuevos criterios que
hayan superado la prueba del tiempo». La segunda conclusión fue que el
inversor «debe basar su política en la existencia de grandes incertidumbres.
Las posibilidades abarcan los extremos; por una parte, de una prolongada
subida adicional del nivel del mercado, por ejemplo del 50%, hasta llegar al
1.350 en el caso del DJIA; o, por otra parte, de una caída imprevista en
términos generales de la misma magnitud, que llevaría la media al entorno
del 450». La tercera conclusión se expresaba en términos mucho más
claros. Afirmamos 10 siguiente: «Dejándonos de medias tintas, si el nivel
de precios de 1964 no es demasiado elevado, ¿qué precio debería
alcanzarse para que pudiésemos decir que el nivel de precios es demasiado
elevado?». El capítulo concluía de la siguiente manera:
¿Qué curso de actuación se debe seguir?
Los inversores no deberían llegar a la conclusión de que el
nivel del mercado de 1964 es peligroso simplemente porque 10
han leído en este libro. Deben ponderar nuestras argumentaciones
con la argumentación contraria que escucharán a la mayor parte
de las personas competentes y expertas de Wall Street. Al final,
todos tenemos que adoptar nuestras propias decisiones y aceptar
la responsabilidad que ello entraña. Nos atrevemos a sugerir, no
obstante, que si el inversor tiene dudas sobre el curso de
actuación que debe seguir, debería optar por la vía de la
precaución. Los principios .de la inversión, tal y como se
exponen en el presente, exigirían la siguiente política en las
condiciones imperantes en 1964, en orden de urgencia:
1. No endeudarse para adquirir o mantener valores.
2. No incrementar la proporción de fondos destinados a
acciones ordinarias.
3. Reducir la cartera de acciones cuando sea necesario para
realinear su proporción hasta un máximo del 50% de la
cartera total. El impuesto sobre plusvalías deberá ser
abonado con el mejor talante posible y los fondos
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