EL INVERSOR INTELIGENTE
y posteriormente se precipitó en una evolución cercana al pánico
hasta llegar al 536 en mayo de 1962, arrojando una pérdida del
27% en, el breve período de seis meses. Simultáneamente se
produjo una retracción mucho más grave en el grupo de las
denominadas «acciones de crecimiento» más populares, como
manifiesta la acusada caída del líder indiscutible, IDM, que pasó
de un máximo de 607 en diciembre de 1961 a un mínimo de 300
en junio de 1962.
Durante este período se produjo una absoluta debacle de
numerosas acciones recién lanzadas de pequeñas empresas, que
se habían ofrecido al público a precios ridículamente elevados y
que posteriormente fueron impulsadas hasta cotizaciones aún
más elevadas por una innecesaria especulación, que acabó
conduciendo a niveles que rayaban en la insensatez. Muchas de
estas colocaciones perdieron el 90% o más de su cotización en
cuestión de pocos meses.
El colapso que se produjo en el primer semestre de 1962
fue desconcertante, cuando no desastroso, para muchos
especuladores que estaban encantados de conocerse, y tal vez
para muchas más personas imprudentes que se denominaban a sí
mismas «inversores». No obstante la inflexión que se produjo en
un momento posterior de ese ejercicio .también fue igualmente
imprevista para la comunidad financiera. Las medias del mercado
de valores retornaron su curso alcista, lo que produjo la siguiente
evolución:
La recuperación y nueva subida de la cotización de las
acciones fue ciertamente destacable y dio lugar a una
concomitante revisión del sentimiento existente en el mercado
de valores. En los niveles mínimos de junio de 1962 las
predicciones habían adoptado un cariz predominantemente
bajista y después de la recuperación parcial que se produjo a final
del
ejercicio
predominaba la indeterminación, con
preponderancia del escepticismo. Sin embargo, a principios de
1964 el optimismo natural de las agencias de valores volvía a
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