inversiones inteligentes 1 | Page 94

EL INVERSOR INTELIGENTE obtenidos deberán invertirse en obligaciones de la mejor calidad o ser depositados en cuentas de ahorro. Los inversores que hayan estado siguiendo durante un cierto período de tiempo un plan de promedio en costes monetarios digno de tal nombre pueden, en principio, optar por proseguir con sus compras periódicas sin variación o suspenderlas hasta que tengan la impresión de que el nivel de mercado ha dejado de ser peligroso. Tendríamos que aconsejar en términos bastante rotundos en contra del inicio de un nuevo plan de promedio de coste en unidades monetarias a los niveles vigentes a finales de 1964, puesto que la mayor parte de los inversores no tendrán la capacidad de resistencia para mantener dicho programa en el caso de que los resultados llegasen a ser extraordinariamente negativos poco después del inicio del plan.En esta ocasión podríamos decir que nuestras advertencias fueron ratificadas por la realidad. El DJIA aumentó aproximadamente un 11% más, hasta el 995, pero después se desplomó de manera irregular hasta un punto mínimo de 632 en 1970 y acabó ese año en el nivel del 839. La misma debacle experimentaron las cotizaciones de las acciones recientemente emitidas de pequeñas empresas, literalmente con reducciones de cotización que alcanzaron el 90%, de la misma manera que había ocurrido en el receso de 1961-1962. Como se señalaba en la introducción, toda la imagen financiera se alteró, aparentemente, hacia unas perspectivas de menor entusiasmo y mayores dudas. Un único dato puede resumir toda esta cuestión: el DJIA cerró 1970 a un nivel inferior al que había alcanzado seis años antes, la primera vez que esto ocurría desde 1944. Estos fueron nuestros esfuerzos para evaluar los niveles alcanzados en el pasado, por el mercado de valores. ¿Hay algo que podamos aprender, nosotros y nuestros lectores, de todo ello? En 1948 y 1953 consideramos que el nivel del mercado era favorable para la inversión (aunque con demasiada cautela en el último año) consideramos que era «peligroso» en 1959 (a un nivel de 584 para el DJIA) y “demasiado elevado” (en un nivel de 892) en 1964. Todas estas valoraciones podrían ser defendidas incluso en la actualidad recurriendo a argumentos razonados. En cualquier caso, es dudoso que hayan sido de la misma utilidad que nuestras consejos menos razonados, que propugnan una política de acciones congruente y controlada por una parte, y que desaniman cualquier tipo de esfuerzo para «imponerse al mercado» o «elegir a los ganadores» por otra parte En cualquier caso, creemos que nuestros lectores pueden extraer ciertos beneficios de un análisis renovado del nivel en el que se encuentra 96