APÉNDICES
en las acciones ordinarias mediante el sencillo método de determinar un
precio tan elevado que las obligue a soportar una considerable cantidad de
riesgo.
En este momento no puedo evitar introducir una cita llamativamente
relevante, aunque bastante exagerada, sobre esta cuestión, que encontré
recientemente en uno de los sonetos de Shakespeare:
¿No he visto a moradores del favor o la forma,
perderlo todo y más aún pagando alta renta?
Volviendo a mi gráfico imaginario, .el área central sería el lugar en el
que el elemento especulativo de las adquisiciones de acciones ordinarias
tendería a estar en su punto mínimo. En esta zona podríamos encontrar
muchas empresas bien establecidas y sólidas, con un historial de
crecimiento en el pasado correspondiente al de la economía nacional en
conjunto, y con unas perspectivas para el futuro aparentemente de la misma
naturaleza. Tales acciones ordinarias podrían comprarse, en la mayor parte
de los casos, salvo en las etapas superiores de un período alcista de
mercado, a precios moderados respecto de su valor intrínseco declarado.
De hecho, a causa de la actual tendencia tanto de inversores como de
especuladores a concentrarse en las acciones con más oropel, me atrevería,
hacer la afirmación de que estas acciones de la zona intermedia suelen
cotizar en conjunto, bastante por debajo de sus valores determinados de
forma independiente. Por lo tanto, cuentan con un factor de margen de
seguridad proporcionado por las mismas preferencias y prejuicios del
mercado que suelen destruir el margen de seguridad de las acciones más
prometedoras. Además, en esta amplia variedad de empresas existe mucho
margen para realizar penetrantes análisis de los historiales y para ejercer
una selección discriminatoria en el terreno de las perspectivas sobre el
futuro, a lo cual se puede añadir la mayor seguridad otorgada por la
diversificación.
Cuando Faetón insistió en conducir el carro del Sol, su padre, el
experto operador, ofreció al neófito algunos consejos que después éste no
siguió, pagando las consecuencias. Ovidio resumió el consejo de Febo en
tres palabras:
Medius tutissimus ibis
(Por el medio segurísimo irás).
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