EL INVERSOR INTELIGENTE
beneficios. Nuestra bola de cristal ciertamente se nubló en el breve espacio de 12 meses.
Este llamativo reverso tuvo lugar hace solamente 11 años. Esto arroja una ligera sombra de duda, en mi opinión, sobre la absoluta fiabilidad de la popular creencia extendida entre los analistas según la cual las empresas destacadas y prometedoras siempre van a cotizar a elevados ratios de precio a beneficio; lo cual es un fenómeno natural esencial en el mundo del inversor, y además éste puede llegar a aceptarlo e incluso es posible que le llegue a agradar. No siento ningún deseo en absoluto de mostrarme dogmático sobre esta cuestión. Lo único que puedo decir es que me parece que todavía no está resuelta de manera definitiva, y que cada uno de ustedes tendrá que esforzarse por resolverla por sí mismo.
Sin embargo, en mis indicaciones finales sí puedo decir algo definitivo acerca de la estructura del mercado de diferentes tipos de acciones ordinarias, en cuanto a sus características de inversión y especulación. En los viejos tiempos, el carácter de inversión de una acción ordinaria era más o menos el mismo que, o por lo menos era proporcional a, el de la propia empresa que la había emitido, que venía medido con bastante exactitud por su calificación crediticia. Cuanto menor era el rendimiento de sus obligaciones o de sus acciones preferentes, más probable era que las acciones ordinarias satisficieran todos los criterios para ser consideradas inversión satisfactoria, y menor era el elemento de especulación relacionado con su adquisición. Esta relación entre la calificación especulativa de las acciones ordinarias y la calificación como inversión de la sociedad se podía expresar de manera gráfica de una forma bastante exacta como una línea recta que descendiese de izquierda a derecha. Sin embargo, en la actualidad yo diría que ese gráfico tendría forma de U. A la izquierda, cuando la propia empresa es de naturaleza especulativa y su calificación crediticia es baja, las acciones ordinarias son, por supuesto, extraordinariamente especulativas, al igual que lo han venido siendo desde tiempo inmemorial. En el extremo derecho, sin embargo, cuando la empresa tiene la máxima calificación crediticia como consecuencia tanto de su historial como de sus perspectivas para el futuro, que serán ambos de la naturaleza más impresionante que quepa imaginar, descubriremos que el mercado de valores tiene tendencia a incorporar de manera más o menos interrumpida un extraordinario elemento especulativo
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