EL INVERSOR INTELIGENTE
ordinarias en cuanto que inversiones a largo plazo, tales méritos no tararon en desaparecer, puesto que el entusiasmo del público dio lugar a unos niveles de cotización que acabaron con cualquier margen de seguridad que pudiesen tener incorporado tales valores y, por lo tanto, los expulsaron de la categoría de instrumentos de inversión. Por supuesto, el péndulo osciló posteriormente en dirección contraria hasta el otro extremo, y no tardamos en ver a una de las más respetadas autoridades declarando( en 1931) que ninguna acción ordinaria podría nunca ser merecedora de la categoría de instrumento de inversión.
Cuando observamos esta experiencia de largo recorrido con perspectiva, descubrimos otro conjunto de paradojas en la cambiante actitud que ha mostrado el inversor hacia las ganancias de capital en comparación con la renta. Parece una obviedad afirmar que el inversor en acciones ordinarias de antaño no estaba muy interesado en las ganancias de capital. Compraba de manera prácticamente exclusiva para tratar de obtener seguridad y renta, y dejaba que fuesen los especuladores los que se interesasen por la revalorización. En la actualidad, es más probable afirmar que cuanto mayores son la experiencia y los conocimientos del inversor, menos atención presta a la rentabilidad por dividendos y más se concentra en la revalorización a largo plazo. Sin embargo, cabría afirmar, perversamente, que precisamente por el hecho de que el inversor de antaño no centraba su atención en la futura revalorización del capital estaba prácticamente garantizando que disfrutaría de dicha revalorización, por lo menos en el terreno de las acciones de empresas industriales. A la inversa, el inversor actual está tan preocupado con prever el futuro que está pagando generosamente por ese futuro, por adelantado. Por lo tanto, es posible que lo que ha proyectado con tanto estudio y esfuerzo llegue realmente a materializarse en la práctica y que, no obstante, no le aporte beneficio alguno. Por otra parte, si no se llega a materializar de la forma y en la medida en que lo ha previsto, es posible que tenga que afrontar una seria pérdida temporal, o tal vez incluso permanente.
¿ Qué lecciones, y vuelvo a utilizar otra vez el título pretencioso de mi panfleto de 1920, puede extraer el analista de 1958 de esta conexión entre las actitudes del pasado y las actitudes actuales? Uno podría sentir la tentación de responder que ninguna excesivamente valiosa. Podemos mirar al pasado con nostalgia, recordando los buenos viejos tiempos, cuando
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