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EL INVERSOR INTELIGENTE
nuevos métodos de abordar los valores de las acciones. Teniendo en cuenta los tres ingredientes de( a) hipótesis optimistas en cuanto a la tasa de crecimiento de los beneficios,( b) una proyección suficientemente prolongada de este crecimiento en el futuro y( e) la milagrosa mecánica del tipo de interés compuesto, el analista de valores recibe una nueva especie de piedra filosofal, que permite elaborar o justificar cualquier valoración que se desee para una « acción realmente buena ». He comentado recientemente en un artículo en el Analysts ' Journal la moda de recurrir a la matemática elevada en los períodos alcistas de mercado, y he mencionado la exposición realizada por David Durand sobre la sorprendente analogía que existe entre los cálculos de valor de las acciones de empresas en crecimiento y la famosa Paradoja de Petersburgo, que ha sido un desafío y una fuente de confusión para los matemáticos desde hace más de 200 años. Lo que quiero afirmar es que se produce una paradoja especial en la relación que existe entre las matemáticas y las actitudes de inversión en acciones ordinarias, que es la siguiente: por lo general, se considera que las matemáticas producen resultados precisos y dignos de confianza; sin embargo, en el mercado de valores, cuanto más elaborado e incomprensiblemente abstruso es el aparato matemático utilizado, más inciertas y especulativas son las conclusiones a las que se llega con dichos cálculos. En 44 años de experiencia y estudio en Wall Street no me he topado nunca con unos cálculos fiables realizados respecto de los valores de las acciones ordinarias o de las concomitantes políticas de inversión, que fuesen más allá de la aritmética simple o del álgebra más elemental. Siempre que entraba el cálculo en la ecuación, o el álgebra superior, se podía tomar su aparición como una señal de advertencia de que el operador estaba tratando de prescindir de la experiencia y aportar teoría en su lugar, normalmente con el fin de proporcionar una engañosa apariencia de inversión a la especulación.
Es posible que las viejas nociones sobre inversión en acciones ordinarias le parezcan simples al sofisticado analista de valores de la actualidad. Siempre se otorgó más importancia a lo que en la actualidad denominamos aspectos defensivos de la empresa o de la acción, principalmente la garantía de que su dividendo no experimentaría una reducción en los años de malos resultados. Por lo tanto los sólidos ferrocarriles, que constituyeron el grueso de la inversión en los valores ordinarios con categoría de inversión de hace 50 años, tenían una
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