EL INVERSOR INTELIGENTE
ritmo se aceleró. El neto de 1956 prácticamente cuadruplicó la cifra de
1946, y el multiplicador medio ascendió a 32,5. El último año, con una
ganancia adicional del neto, el multiplicador volvió a ascender hasta una
media del 42, si no incluimos en la ecuación el capital no consolidado de la
filial en el extranjero.
Cuando examinamos estas recientes cifras de precios con
detenimiento, podemos apreciar algunas analogías y contrastes interesantes
con respecto a las cifras que se daban 40 años antes. El agua tan
escandalosa en aquella época, y tan omnipresente en los saldos de las
empresas industriales, ha sido escurrida, en primer lugar mediante la
publicidad que se debe dar a las cuentas, y después mediante las
cancelaciones de las partidas que la contenían. Sin embargo, el mercado de
valores ha vuelto a recuperar una clase diferente de agua en sus
valoraciones, y han sido los inversores y los especuladores los encargados
de incorporarla. Teniendo en cuenta que IBM cotiza en la actualidad a siete
veces su valor contable, en lugar de hacerlo a siete veces sus beneficios, el
efecto es prácticamente el mismo que si no tuviese ningún tipo de valor
contable en absoluto. Alternativamente, cabría interpretar que el pequeño
elemento de valor contable constituye una especie de componente de
importancia secundaria de capital preferente del precio, y que el resto
representa exactamente el mismo tipo de compromiso contraído por los
especuladores de antaño cuando compraban acciones ordinarias de
Woolworth o de U.S. Steel apoyándose únicamente en su capacidad de
generación de beneficios y sus perspectivas para el futuro.
Merece la pena destacar, de pasada, que en los 30 años que han sido
testigos de la transformación de IBM de una empresa que valía 7 veces sus
beneficios a otra que vale 40 veces sus beneficios, buena parte de lo que he
denominado aspectos especulativos endógenos de nuestras grandes
empresas industriales han tendido a desaparecer, o por lo menos a
disminuir en gran medida. Su situación financiera es firme, sus estructuras
de capital conservadoras: están gestionadas de una forma mucho más
experta, e incluso diría mucho más honrada, que en el pasado.
Adicionalmente, los requisitos de publicidad absoluta han acabado con uno
de los principales elementos especulativos del pasado: el que derivaba de la
ignorancia y el misterio.
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