EL INVERSOR INTELIGENTE
inversión y la especulación. El diccionario dice que la palabra «especular»
proviene del latín «specula», atalaya o puesto de vigilancia. Por lo tanto,
era el especulador el que se dedicaba a estar vigilante y el que se daba
cuenta de que se iban a producir ciertos acontecimientos futuros antes de
que otras personas se percatasen. Sin embargo, en la actualidad, si el
inversor es inteligente o está bien asesorado, también tiene que disponer de
su atalaya sobre el futuro, o más bien tiene que compartir la atalaya codo
con codo con el especulador.
En segundo lugar, hemos descubierto que en la mayor parte de los
casos, las empresas que tienen las mejores características de inversión, es
decir, la mejor calificación crediticia, son aquellas que tienen más
probabilidades de atraer el mayor interés especulativo sobre sus acciones
ordinarias, puesto que todo el mundo da por descontado que tienen
garantizado un futuro brillante. En tercer lugar, el concepto de perspectivas
futuras, y en especial el concepto de crecimiento sostenido en el futuro,
invita a la aplicación de fórmulas derivadas de la alta matemática para
determinar el valor presente de las acciones más apreciadas en el mercado.
Sin embargo, se puede utilizar la combinación de unas fórmulas precisas y
unas hipótesis extraordinariamente precisas para establecer, o más bien,
para justificar, prácticamente cualquier valor que se desee, por elevado que
éste sea, para unas acciones realmente extraordinarias. Sin embargo,
paradójicamente, ese mismo hecho, si lo sometemos a un examen
pormenorizado, entraña que no es posible establecer y mantener ningún
valor, ni ninguna banda razonablemente reducida de valores, con respecto a
una determinada empresa de crecimiento; de ahí que en ocasiones el
mercado pueda valorar el componente de crecimiento de una empresa con
una cifra llamativamente reducida.
Volviendo a mi distinción entre los antiguos y los modernos
elementos especulativos de las acciones ordinarias, podríamos describirlos
con dos palabras de imponente factura, pero muy apropiadas: endógeno y
exógeno. Permítaseme ilustrar brevemente el concepto tradicional de
acción especulativa, en cuanto a sus diferencias con respecto a la acción de
inversión, aportando ciertos datos relativos a American Can y a
Pennsylvania Railroad, en 1911-1913. (Estos datos aparecen en Benjamín
Graham y David L. Dodd, Security Analysis, McGraw-Hill, 1940, págs. 23).
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