EL INVERSOR INTELIGENTE
actualidad entre un rendimiento medio y el rendimiento real del fondo
FMC durante este período asciende a 243 millones de dólares. FMC
atribuye este éxito a la mentalidad que se les recomendó para elegir a los
gestores. No son los gestores que yo habría elegido necesariamente, pero
todos ellos tienen el denominador común de que eligen los instrumentos en
los que invierten atendiendo al valor.
Pues bien éstos son los nueve historiales de los jugadores a cara o
cruz de Graham and Doddsville. No los he elegido a posteriori entre miles
de ellos. No estoy recitando los nombres de un puñado de ganadores de la
lotería; personas de las que nunca había oído hablar antes de que ganasen la
lotería. Elegí a estas personas hace años basándome en las estructuras que
utilizaban para adoptar sus decisiones de inversión. Sabía lo que se les
habla enseñado, y adicionalmente tenía un cierto conocimiento personal
sobre su intelecto su carácter y su temperamento. Es muy importante
comprender que este grupo ha asumido muchos menos riesgos que la
medía; hay que examinar sus resultados en los años en los que el mercado
general tenía malos resultados. Aunque difieren mucho en cuanto a su
estilo, estos inversores están siempre, mentalmente, comprando la
empresa, no las acciones. Algunos de ellos, en ocasiones, compran
empresas completas. Sin embargo, es mucho más frecuente que únicamente
compren pequeñas partes de empresas. Su actitud, ya sea al comprar la
totalidad de la empresa o al comprar únicamente una pequeña
participación, es la misma. Algunos de ellos tienen carteras con docenas de
acciones; otros se concentran sólo en un puñado de acciones. No obstante,
todos aprovechan la diferencia entre el precio de mercado de una empresa y
su valor intrínseco.
Estoy convencido de que hay muchísima ineficacia en el mercado.
Estos inversores de Graham and Doddsville han conseguido el éxito
aprovechando las divergencias entre el precio y el valor. Teniendo en
cuenta que el precio de una acción puede estar influido por un «rebaño» de
Wall Street, que acepta los precios establecidos marginalmente por la
persona más desequilibrada, o más avariciosa, o por la persona más
deprimida, resulta muy difícil afirmar que el mercado siempre establece los
precios racionalmente. En realidad, los precios del mercado frecuentemente
son absolutamente insensatos.
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