EL INVERSOR INTELIGENTE
Mi tesis es que hay formas de definir el origen diferentes a la geografía. Además de los orígenes geográficos, existen lo que yo denomino orígenes intelectuales. Creo que podrán descubrir que existe un número desproporcionado de personas que han conseguido éxito en el concurso de cara o cruz en el mundo de la inversión que provenían de una muy pequeña aldea intelectual que podría llamarse Graham and Doddsville. Se puede atribuir a esta pequeña aldea intelectual una concentración de ganadores que simplemente no puede explicarse por la mera suerte.
Podrían existir circunstancias que hiciesen que incluso una concentración de ese tipo fuese intrascendente. Es posible que hubiese 100 personas que simplemente estaban imitando la elección a la hora de lanzar al aire la moneda de una personalidad extraordinariamente persuasiva. Si esa persona decía cara, sus 100 seguidores decían cara automáticamente. Si el líder formase parte de los 215 que quedaban al final, el hecho de que 100 tuviesen el mismo origen intelectual no significaría nada. Simplemente estaría identificando un único caso con los 100 casos que eran manifestación de las elecciones de esa única persona. De la misma manera, supongamos que viviese en una sociedad muy patriarcal y que todas las familias de Estados Unidos estuviesen compuestas por diez miembros. Además, supongamos que esa cultura patriarcal fuese tan marcada que cuando los 225 millones de personas saliesen el primer día todos los miembros de cada familia se identificasen con la elección del padre. Al final del período de 20 días habría 215 ganadores, y se descubriría que esos 215 ganadores provenían de únicamente 21,5 familias. Algunos simplones podrían decir que eso es indicación del carácter tremendamente hereditario del factor que explica el éxito a la hora de saber si va a salir cara o cruz. Sin embargo, por descontado, esa afirmación no tendría ningún sentido, puesto que en realidad no habría 215 ganadores individuales, sino 21,5 familias aleatoriamente distribuidas que eran ganadoras.
En este grupo de inversores de éxito que quiero examinar había un patriarca intelectual común, Ben Graham. Sin embargo, los niños que abandonaron la casa de este patriarca intelectual decidieron sus « apuestas » de formas muy diferentes. Fueron a lugares diferentes y compraron y vendieron diferentes acciones de diferentes empresas y, no obstante, consiguieron unos resultados combinados que simplemente no se pueden explicar por la casualidad aleatoria. Ciertamente no se pueden explicar por
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