inversiones inteligentes 1 | Page 569

EL «MARGEN DE SEGURIDAD» COMO CONCEPTO CENTRAL DE LA... categoría más amplia es la de las acciones infravaloradas de empresas de segundo orden, cuya compra recomendamos cuando pueda realizarse a dos tercios o menos de su valor indicado. Junto a éstas, suele haber frecuentemente una amplia oferta de obligaciones empresariales de categoría intermedia y de acciones preferentes también de categoría intermedia que cotizan en unos niveles tan bajos que se pueden obtener también con un considerable descuento respecto de su valor aparente. En tales casos, el inversor medio estaría inclinado a calificar de especulativos a estos valores, porque a sus ojos la falta de una calificación de primera es sinónimo de la falta de categoría de inversión. Nosotros afirmamos que un precio suficientemente bajo puede hacer que un valor de categoría mediocre se convierta en una buena oportunidad de inversión, siempre y cuando el comprador esté informado y sea experto, y ponga en práctica una diversificación adecuada. La cuestión es que si el precio es suficientemente bajo como para crear un sustancial margen de seguridad, el valor cumplirá los requisitos para que lo consideremos como perteneciente a la categoría de inversión. Nuestro ejemplo favorito en apoyo de esta argumentación proviene del terreno de las obligaciones inmobiliarias. En la década de 1920, se vendieron miles de millones de dólares de estos instrumentos a la par, en un momento en el que eran recomendados como buenas inversiones. Una gran proporción de ellos tenían un margen de valor sobre la deuda tan reducido que en realidad su carácter era extraordinariamente especulativo. En la depresión de la década de 1930 una enorme cantidad de estos instrumentos incumplieron su obligación de pago de intereses y su cotización se vino abajo, en algunos casos por debajo de los 10 centavos por dólar. En ese momento, los mismos asesores que los habían recomendado cuando cotizaban a la par, afirmando que eran inversiones seguras, los rechazaban afirmando que se trataba de papel del tipo más especulativo y menos atractivo que cabía imaginar. Sin embargo, de hecho, la depreciación de aproximadamente el 90% hacía que muchos de estos valores fuesen extraordinariamente atractivos y razonablemente seguros, porque los verdaderos valores que había detrás de ellos eran cuatro o cinco veces superiores a la cotización de mercado.* * Graham está afirmando que no existen las acciones buenas ni las acciones malas; únicamente existen las acciones baratas y las acciones caras. Incluso las acciones de la mejor empresa se convierten en candidatas a la venta cuando su cotización sube demasiado, mientras que merece la pena comprar acciones de la peor empresa si su cotización baja lo suficiente. 571