EL «MARGEN DE SEGURIDAD» COMO CONCEPTO CENTRAL DE LA...
categoría más amplia es la de las acciones infravaloradas de empresas de
segundo orden, cuya compra recomendamos cuando pueda realizarse a dos
tercios o menos de su valor indicado. Junto a éstas, suele haber
frecuentemente una amplia oferta de obligaciones empresariales de
categoría intermedia y de acciones preferentes también de categoría
intermedia que cotizan en unos niveles tan bajos que se pueden obtener
también con un considerable descuento respecto de su valor aparente. En
tales casos, el inversor medio estaría inclinado a calificar de especulativos a
estos valores, porque a sus ojos la falta de una calificación de primera es
sinónimo de la falta de categoría de inversión.
Nosotros afirmamos que un precio suficientemente bajo puede hacer
que un valor de categoría mediocre se convierta en una buena oportunidad
de inversión, siempre y cuando el comprador esté informado y sea experto,
y ponga en práctica una diversificación adecuada. La cuestión es que si el
precio es suficientemente bajo como para crear un sustancial margen de
seguridad, el valor cumplirá los requisitos para que lo consideremos como
perteneciente a la categoría de inversión. Nuestro ejemplo favorito en
apoyo de esta argumentación proviene del terreno de las obligaciones
inmobiliarias. En la década de 1920, se vendieron miles de millones de
dólares de estos instrumentos a la par, en un momento en el que eran
recomendados como buenas inversiones. Una gran proporción de ellos
tenían un margen de valor sobre la deuda tan reducido que en realidad su
carácter era extraordinariamente especulativo. En la depresión de la década
de 1930 una enorme cantidad de estos instrumentos incumplieron su
obligación de pago de intereses y su cotización se vino abajo, en algunos
casos por debajo de los 10 centavos por dólar. En ese momento, los mismos
asesores que los habían recomendado cuando cotizaban a la par, afirmando
que eran inversiones seguras, los rechazaban afirmando que se trataba de
papel del tipo más especulativo y menos atractivo que cabía imaginar. Sin
embargo, de hecho, la depreciación de aproximadamente el 90% hacía que
muchos de estos valores fuesen extraordinariamente atractivos y
razonablemente seguros, porque los verdaderos valores que había detrás de
ellos eran cuatro o cinco veces superiores a la cotización de mercado.*
*
Graham está afirmando que no existen las acciones buenas ni las acciones malas; únicamente existen las
acciones baratas y las acciones caras. Incluso las acciones de la mejor empresa se convierten en
candidatas a la venta cuando su cotización sube demasiado, mientras que merece la pena comprar
acciones de la peor empresa si su cotización baja lo suficiente.
571