EL INVERSOR INTELIGENTE
consideran que los buenos beneficios actuales son equivalentes a la
«capacidad de generación de beneficios» y dan por supuesto que la
prosperidad es 10 mismo que la seguridad. En esos años, es cuando las
obligaciones y las acciones preferentes de categoría inferior se venden
entre el público a un precio aproximado a la par, porque producen un
rendimiento por renta levemente superior o aportan un privilegio de
conversión engañosamente atractivo. También suele ser en esos momentos
cuando las acciones de empresas desconocidas salen a bolsa a precios muy
superiores a los de sus inversiones tangibles, apoyándose en la solidez de
dos o tres años de excelente crecimiento.
Estos valores no ofrecen un margen de seguridad adecuado en
ningún sentido razonable del término. La cobertura de las cargas por
intereses y por dividendos preferentes se debe contrastar durante una serie
de años, que incluya preferentemente un período de actividad por debajo de
lo normal como ocurrió en 1970-1971. Lo mismo puede decirse, por lo
general, de los beneficios de las acciones ordinarias, si se quiere que tales
beneficios sirvan de indicación válida de la capacidad de generación de
beneficios. Por lo tanto, de todo esto se desprende que la mayor parte de las
inversiones realizadas en momentos favorables, a precios y condiciones
favorables, sufrirán perturbadores retrocesos de cotización cuando el
horizonte se nuble y, frecuentemente, incluso antes de que lo haga.
Tampoco puede el inversor dar por descontada la confianza en una
recuperación con el paso del tiempo, aunque dicha recuperación suele
producirse en algunos casos, porque nunca habrá disfrutado del margen de
seguridad real que le permitiría capear la adversidad.
La filosofía de invertir en acciones de empresas en crecimiento
discurre en paralelo en parte con el principio del margen de seguridad, y en
otra parte lo contraviene. El comprador de acciones de empresas en
crecimiento se basa en una capacidad de generación de beneficios prevista
que es mayor que la media obtenida en el pasado. Por 10 tanto, cabría
afirmar que dicho comprador está empleando esta capacidad de generación
de beneficios prevista en lugar del historial de beneficios del pasado a la
hora de calcular su margen de seguridad. En la teoría de la inversión no hay
ningún motivo por el que una cifra de beneficios futuros cuidadosamente
estimada deba ser menos fiable, a la hora de servir como guía, que el mero
historial del pasado; de hecho, el análisis de valores cada vez es más
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