inversiones inteligentes 1 | Page 560

EL INVERSOR INTELIGENTE El inversor en obligaciones no espera que los futuros beneficios medios sean iguales que los del pasado; si estuviese seguro de eso, el margen exigido podría ser pequeño. Tampoco se basa en medida alguna en su capacidad de juicio sobre si los beneficios futuros van a ser materialmente mejores o peores que en el pasado; si lo hiciese, tendría que medir su margen en términos de una cuenta de ingresos cuidadosamente proyectada, en vez de destacar el margen que se puede apreciar en el historial pasado. En este caso, la función del margen de seguridad es, en esencia, la de hacer innecesaria una estimación exacta del futuro. Si el margen es, grande, es más que suficiente para suponer que los futuros beneficios no quedarán por debajo de los del pasado, de modo que el inversor pueda sentirse suficientemente protegido frente a las vicisitudes del tiempo. El margen de seguridad de las obligaciones se puede calcular, alternativamente, comparando el valor total de la empresa con el importe de la deuda. (Se podría realizar un cálculo similar para las acciones preferentes). Si una empresa adeuda 10 millones de dólares y su patrimonio está valorado en 30 millones queda margen para una reducción de dos tercios de su valor, por lo menos en teoría, antes de que los tenedores de obligaciones sufran pérdidas. El importe de este valor extraordinario «colchón», por encima de la deuda se puede calcular aproximadamente utilizando la cotización media de mercado de las acciones ordinarias durante una serie de años. Como la cotización media de las acciones suele estar relacionada con la capacidad media de generación de beneficios, el margen de «valor de empresa» respecto de la deuda y el margen de beneficios sobre las cargas en la mayor parte de los casos serán similares. Esto es lo que se puede decir sobre el concepto de margen de seguridad aplicable a «las inversiones de renta fija». ¿Se puede trasladar el concepto al campo de las acciones ordinarias? Si, pero con algunas modificaciones imprescindibles. Hay casos en los que las acciones ordinarias podrían considerarse adecuadas porque disfrutan de un margen de seguridad tan grande como el de una buena obligación. Esto ocurrirá, por ejemplo, cuando una empresa tenga en circulación únicamente acciones ordinarias que en condiciones de depresión se vendan por un Importe inferior al de las obligaciones que podrían emitirse con seguridad con cargo a su patrimonio y su capacidad de 562