inversiones inteligentes 1 | Page 549

COMENTARIO AL CAPÍTULO 19 Pero... ¿de quién es el dinero? Examinemos el segundo criterio de Graham, el de que la dirección esté actuando o no en beneficio de los inversores externos. Los directivos siempre han dicho a los accionistas que ellos, los directivos, saben qué es lo mejor que se puede hacer con el dinero de la empresa. Graham fue capaz de ver la verdad que se escondía detrás de toda esa palabrería de los directivos: Es posible que la dirección de la empresa gestione bien sus actividades y aún así no ofrezca a los accionistas externos los resultados que se merecen, porque su eficiencia se limita a las operaciones y no se extiende a la mejor aplicación del capital. El objetivo de una operación eficaz consiste en producir a bajo coste y encontrar los artículos más rentables que se puedan vender. Las finanzas eficaces exigen que el dinero de los accionistas opere de la forma más adecuada para sus intereses. Ésta es una cuestión en la que la dirección, como tal dirección, tiene poco interés. De hecho, casi siempre querrá la mayor cantidad de capital de los propietarios que sea capaz de conseguir, para reducir al mínimo sus propios problemas financieros. Por lo tanto, la dirección habitual operará con más capital del necesario, si los accionistas se lo permiten, cosa que frecuentemente hacen.8 Desde finales de la década de 1990 y principios de la de 2000, los equipos directivos de las empresas de tecnología más importantes adoptaron esta actitud de «Papá sabe lo que te conviene» y la llevaron a nuevos extremos. El argumento era el siguiente: ¿Por qué va a exigir usted un dividendo cuando nosotros podemos invertir el dinero mejor que usted y convertirlo en una mayor cotización de la acción? Lo único que tiene que hacer es comprobar cómo ha ido subiendo la cotización de nuestras acciones: ¿No demuestra eso que somos capaces de multiplicar su dinero mucho mejor que usted? Increíblemente, los inversores se tragaron el anzuelo, la línea y hasta el plomo. «Papá sabe lo que te conviene» se convirtió en una verdad incuestionable, de modo que, para 1999, únicamente el 3,7% de las empresas que habían salido a bolsa ese año pagaron un dividendo, en comparación con el 72,1% de todas las ofertas públicas iniciales de la 8 Ídem, pág. 233. 551