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EL INVERSOR INTELIGENTE Teoría y práctica Graham comienza su exposición original (1949) de «El inversor como propietario de la empresa» señalando que en teoría, «los accionistas, como clase, son los reyes. Actuando como mayoría, pueden contratar y despedir a los directivos y hacer que se plieguen absolutamente a sus voluntades». Sin embargo, en la práctica, Graham afirmaba lo siguiente: Los accionistas son una absoluta calamidad. En conjunto, no muestran ni inteligencia ni disposición. Votan, como si fuesen un rebaño de borregos, cualquier propuesta que recomiende la dirección, por malo que pueda ser el historial de resultados de la dirección.... Es como si la única forma de inspirar al accionista medio estadounidense para que adopte una acción inteligente por su cuenta, de manera independiente fuese ponerle un petardo debajo de la silla... No podemos resistimos a la tentación de mencionar la paradoja de que hasta Jesús parece haber tenido un sentido empresarial más práctico que el de los accionistas estadounidenses.1 Graham desea que centre usted su atención en un hecho básico y a la vez increíblemente profundo: cuando compra una acción, se convierte en propietario de una empresa. Sus directivos, todos ellos, hasta llegar al consejero delegado, trabajan para usted. Su consejo de administración debe rendir cuentas ante usted. Su dinero en efectivo le pertenece a usted. Sus actividades empresariales son suyas. Si no le gusta cómo se gestiona su empresa, tiene derecho a exigir que se despida a los directivos, que se cambie a los consejeros, o que se vendan los bienes del patrimonio de la empresa. «Los accionistas», declaraba Graham, «deberían despertarse».2 1 Benjamin Graham, The Intelligent Investor (Harper & Row,NuevaYork, 1949), págs. 217, 219, 240. Graham explica su referencia a Jesús de la siguiente forma: «Por lo menos en cuatro parábolas del evangelio se hace referencia a una relación extraordinariamente crítica entre una persona acaudalada y las personas a las que encarga que se ocupen de su patrimonio». Más concretas son las palabras en las que se explica que «un rico» habla con su mayordomo al que acusa de disiparle su hacienda: «Da cuenta de tu administración, porque ya no podrás seguir de mayordomo». (Lucas, 16:2)>>.Entre las otras parábolas que parece que Graham tiene en la cabeza está la de Mateo, 25:15-28 2 Benjamin Graham, «A Questionnaire on Stockholder-Management Relationship», The Analysts Journal, cuarto trimestre de 1947, pág. 62. Graham indica que había realizado un estudio entre casi 600 analistas profesionales de valores y que había descubierto que más del 95% de ellos creían que los accionistas tenían el derecho a solicitar una investigación formal de los directivos cuyo liderazgo no aumentase el valor de la acción. Graham añade que «dicha acción resulta prácticamente desconocida en la realidad ». Esto, afirma, «destaca la gran diferencia que existe entre lo que debería pasar y lo que realmente pasa en las relaciones entre los accionistas y los directivos». 546