Comentario al capítulo 19
Las mentiras más peligrosas son las
verdades ligeramente distorsionadas.
G. C. Lichtenberg
¿Por qué arrojó la toalla Graham?
Es posible que no haya otra parte de El inversor inteligente que haya
sido modificada de una manera más drástica por Graham que ésta. En su
primera edición, este capítulo formaba parte de una pareja que, en
conjunto, se extendía durante casi 34 páginas. La sección original
(«Elinversor como propietario de la empresa») se ocupaba de los derechos
de votación de los accionistas, de las formas de evaluar la calidad de la
dirección de la empresa y de las técnicas para detectar conflictos de
intereses entre los inversores que trabajaban en la empresa y los inversores
externos. En su última edición revisada, sin embargo, Graham había
reducido toda la exposición más o menos a ocho páginas sucintas que se
limitaban a hablar de dividendos.
¿Por qué eliminó Graham más de tres cuartas partes de su argumento
original? Después de décadas de exhortación, evidentemente había
abandonado cualquier esperanza de que los inversores se tomasen la
molestia de ejercer el control sobre el comportamiento de los directivos de
las empresas.
Sin embargo, la última epidemia de escándalos, alegaciones de
comportamientos ilícitos de los directivos, contabilidad engañosa,
triquiñuelas fiscales en importantes empresas como AOL, Enron, Global
Crossing, Sprint, Tyco y WorldCom, es un claro recordatorio de que las
advertencias iniciales de Graham sobre la necesidad de vigilancia
permanente son más necesarias que nunca. Recuperémoslas y
analicémoslas a la luz de la situación actual.
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