EL INVERSOR INTELIGENTE
un inminente aumento del tipo de dividendo. Por otra parte, se prestaba
comparativamente poca atención al dividendo en efectivo desembolsado
por IBM, que en 1960 únicamente rindió el 0,5% de la cotización máxima
de ese año, y el 1,5% a cierre de 1970. (Sin embargo, en ambos casos, los
desdoblamientos de acciones han operado como poderosa influencia en el
mercado).
La valoración realizada por el mercado sobre la política de dividendo
en efectivo parece que está evolucionando en la siguiente dirección: cuando
el interés no se coloca principalmente en el crecimiento, la acción se
califica como «valor generador de renta» y el tipo de dividendo mantiene
su tradicional importancia como uno de los elementos esenciales a la hora
de determinar la cotización de mercado. En el otro extremo, las acciones
claramente reconocidas como pertenecientes a la categoría de rápido
crecimiento se valorarán principalmente en términos del tipo de
crecimiento previsto durante, por ejemplo, la siguiente década, y el
dividendo en efectivo quedará más o menos al margen de los cálculos.
Aunque la afirmación que acabamos de hacer puede describir
adecuadamente la tendencia actual, no es en modo alguno una guía
claramente delimitada de la situación que se da respecto de todas las
acciones ordinarias, y puede que no lo sea ni siquiera de la situación
imperante en la mayoría. Por una parte, hay muchas empresas que ocupan
un puesto intermedio entre las empresas de crecimiento y las empresas que
no tienen crecimiento. Es difícil afirmar cuánta importancia se debería
atribuir al factor de crecimiento en tales casos, y la opinión del mercado
puede cambiar radicalmente de un año a otro. En segundo lugar, parece que
existe algún elemento paradójico sobre el hecho de que se exija a las
empresas que tienen un menor crecimiento que actúen de forma más liberal
con su dividendo en efectivo. Normalmente, éstas suelen ser las empresas
menos prósperas, y en el pasado cuanto más próspera era la empresa,
mayor era la expectativa de que realizase desembolsos más liberales y de
mayor cuantía.
Opinamos que los accionistas deberían exigir a sus equipos
directivos una tasa de desembolso de beneficio normal, del orden de, por
ejemplo, dos tercios o alternativamente una demostración más allá de toda
duda razonable de que los beneficios reinvertidos han generado un
satisfactorio incremento de los beneficios por acción. Este requisito de
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