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ACCIONISTAS Y EQUIPOS DIRECTIVOS: POLÍTICA DE DIVIDENDOS
exista un número suficiente de accionistas decepcionados que se desprendan de sus acciones a precios reducidos y que de ese modo hagan posible que personas ajenas a la empresa pero con suficiente espíritu emprendedor y energía adquieran una participación de control en su capital. Sin embargo, la idea de que el colectivo de pequeños accionistas pueda ayudarse a sí mismo apoyando medidas para mejorar la dirección y las políticas de dirección ha resultado ser demasiado quijotesca para que siga mereciendo espacio adicional en este libro. Los accionistas individuales que tienen el coraje suficiente para dejar que su presencia se note en las juntas generales de accionistas, lo que por lo general da lugar a una intervención absolutamente infructuosa, no necesitarán nuestro consejo sobre las cuestiones que tienen que plantear a los equipos directivos. En el caso de los demás, el consejo seguramente caerá en oídos sordos. De todas formas, cerraremos esta sección con el ruego encarecido de que los accionistas consideren con la mente abierta y con toda la atención que merece la documentación para la delegación de voto que les envíen otros accionistas que quieran remediar una situación de gestión manifiestamente insatisfactoria en la empresa.
Accionistas y política de dividendo
En el pasado, la política de dividendo era una cuestión de debate relativamente frecuente entre los pequeños accionistas, o los « accionistas minoritarios », y los equipos directivos de las empresas. Por lo general, estos accionistas estaban interesados en que se implantase una política de dividendo más liberal, mientras que los directivos solían ser partidarios de retener los beneficios en la empresa, para « reforzarla ». Los directivos pedían a los accionistas que sacrificasen sus intereses presentes por el bien de la empresa y por sus propios beneficios a largo plazo. Sin embargo, en los últimos años la actitud mostrada por los inversores hacia los dividendos ha sufrido un cambio gradual, pero significativo. El argumento principal al que se alude en la actualidad para defender el pago de dividendos reducidos, en vez de liberales, no es que la empresa « necesite » el dinero, sino, al contrario, que puede utilizarlo en beneficio directo e inmediato de los accionistas reteniendo los fondos para llevar a cabo una expansión rentable. Hace años normalmente eran las empresas débiles las que se veían más o menos obligadas a retener sus beneficios, en lugar de desembolsar la
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