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Capítulo 19

Accionistas y equipos directivos: Política de dividendos

Desde 1934 siempre hemos defendido en nuestros escritos la necesidad de una actitud más inteligente y dinámica de los accionistas hacia los directivos de sus empresas. Les hemos pedido que adopten una actitud más generosa hacia los que estén realizando un buen trabajo, de manera demostrable. Les hemos pedido que exijan explicaciones claras y satisfactorias cuando los resultados parezcan ser peores de los que deberían ser, y que apoyen los movimientos para mejorar o retiren de sus cargos a los directivos claramente improductivos. Los accionistas tienen todos los motivos justificables para hacer preguntas sobre la competencia de la dirección cuando lo resultados( 1) sean insatisfactorios por sí mismos,( 2) sean peores que los obtenidos por otras empresas que aparentemente estén en una situación similar, y( 3) hayan tenido como consecuencia una cotización de mercado insatisfactoria que se prolongue mucho tiempo.
En los últimos 36 años no se ha logrado prácticamente nada a través de la actuación inteligente por parte del gran conjunto de accionistas. Un defensor de una causa sensato, si es que existe tal cosa, debería interpretar esto como una señal de que ha estado malgastando su tiempo, y de que sería mejor que abandonase su lucha. En realidad, nuestra causa no se ha perdido; ha sido rescatada por el surgimiento de una figura que tiene su origen en el exterior de la empresa, conocida como absorción u OPA. *
* Curiosamente, las absorciones empezaron a desaparecer poco después de que apareciese la última
edición revisada de Graham, Yla década de 1970 y los principios de la década de 1980 representan los mínimos absolutos en eficacia de la industria estadounidense moderna. Los coches eran « castañas », los televisores y las radios nunca funcionaban bien, los directivos de muchas empresas cotizadas se desentendían de los intereses actuales de los accionistas externos y de las perspectivas futuras de sus propias empresas. Todo esto empezó a cambiar en 1984, cuando el petrolero independiente T. Boone Pickens lanzó una oferta de adquisición hostil por Gulf Oil. En poco tiempo, alimentados por la financiación mediante « bonos basura » facilitada por Drexel Burnham Lambert, los tiburones empresariales revolucionaron el panorama empresarial estadounidense, consiguiendo que empresas esclerotizadas desde hacía mucho tiempo adoptasen un nuevo régimen de eficiencia, ante el temor de ser objeto de una OPA. Aunque muchas de las empresas afectadas por las compras apalancadas y las
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