EL INVERSOR INTELIGENTE
sus bolsillos. * El principio es sensato, su aplicación con buenos resultados no es imposible, pero es evidentemente un arte que no resulta fácil dominar.
También hay un grupo bastante amplio de « situaciones especiales », que a lo largo de varios años puede darse por supuesto que aportarán una jugosa rentabilidad anual del 20 % o más, con un mínimo de riesgo general para aquellos que sepan manejarse en este terreno. Entre esas situaciones están el arbitraje entre valores, los pagos o indemnizaciones en caso de liquidación o las coberturas protegidas de ciertos tipos. El caso más típico es el de una fusión o adquisición prevista que ofrezca un valor sustancialmente superior para ciertas acciones que la cotización de dichas acciones en la fecha del anuncio. El número de este tipo de operaciones ha aumentado en gran medida en los últimos años, y esto debería haber dado lugar a un período extraordinariamente rentable para los expertos. Sin embargo, con la multiplicación de anuncios de fusiones vino una multiplicación de los obstáculos a las. fusiones y de operaciones que. no culminaron con éxito; de este modo, se sufrieron unas cuantas pérdidas individuales en un tipo de operaciones que hasta entonces habían sido fiables. También es posible que el tipo de beneficio general disminuyese al enfrentarse a demasiada competencia. †
La reducción de la rentabilidad de estas situaciones especiales parece ser una manifestación de una especie de proceso autodestructivo, similar a la ley del rendimiento decreciente, que se ha ido desarrollando a lo largo de la vida de este libro. En 1949 pudimos presentar un estudio de las fluctuaciones del mercado de valores durante los 75 años anteriores que ratificaba una fórmula, basada en los beneficios y en los tipos de interés vigentes, para determinar un nivel para comprar el DJIA por debajo de su
* Al « vender en descubierto » una acción se está apostando porque la cotización de esa acción baje y no
suba. Vender en descubierto es un proceso que tiene tres etapas: En primer lugar, se tornan prestadas acciones de alguien que las tenga; después, inmediatamente, se venden las acciones prestadas; por último, se sustituyen esas acciones por otras que se compran posteriormente. Si la cotización de las acciones baja, se podrán comprar las acciones sustitutivas a un precio menor. La diferencia entre el precio al que se vendieron las acciones prestadas y el precio que se pagó por las acciones de sustitución es el beneficio bruto( reducido por los costes de intereses o dividendos junto con los costes de corretaje). No obstante, si la cotización de las acciones sube en vez de bajar, la pérdida potencial es ilimitada, por lo que las ventas en descubierto son inaceptablemente especulativas para la mayor parte de los inversores individuales. † A finales de la década de 1980, cuando se multiplicaron las adquisiciones y las compras apalancadas,
Wall Street organizó mesas de arbitraje institucionales para aprovechar cualquier error en la determinación de precios en esas complejas operaciones. Llegaron a ser tan diestras en su cometido que las posibilidades de conseguir beneficios fácilmente desaparecieron, y muchas de esas mesas se han cerrado desde entonces. Aunque Graham vuelve a exponerlo( véase páginas 201-203), este tipo de operaciones ha dejado de ser viable o adecuado para la mayor parte de las personas, puesto que únicamente las operaciones por valor de varios millones de dólares tienen el volumen suficiente para generar beneficios que merezcan la pena. Las instituciones y personas acaudaladas pueden utilizar esta estrategia a través de fondos de inversión de gestión alternativa especializados en arbitrajes de fusiones o « eventos ».
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