inversiones inteligentes 1 | Page 47

INVERSIÓN EN CONTRAPOSICIÓN A ESPECULACIÓN error manifiesto en la predicción, que ilustramos con nuestro ejemplo de las líneas aéreas de la página 20, es indudablemente mayor que cuando tiene que abordar los beneficios a más corto plazo. Como los expertos suelen equivocarse cuando realizan tales previsiones, teóricamente es posible que un inversor extraiga grandes beneficios si hace predicciones correctas en un momento en el que el mercado en conjunto está haciendo predicciones incorrectas. No obstante, eso únicamente ocurre en la teoría. ¿Cuántos inversores emprendedores pueden dar por supuesto que tienen la capacidad intelectual o los dones proféticos para superar a los analistas profesionales en su juego favorito de estimar los beneficios futuros a largo plazo? Por lo tanto, todo ello nos conduce a la siguiente conclusión, tan lógica como desconcertante: para disfrutar de una probabilidad razonable de obtener unos resultados continuados mejores que la media, el inversor debe seguir unas políticas que sean (1) inherentemente sensatas, firmes y prometedoras, y (2) que no gocen de popularidad en el mercado de valores. ¿Hay algún tipo de política de ese estilo que tenga el inversor emprendedor a su disposición? Una vez más, la teoría nos indica que la respuesta debería ser sí; hay motivos generales para pensar que la respuesta debería ser afirmativa también en la práctica. Todo el mundo sabe que las variaciones especulativas de las acciones tienen recorridos demasiado prolongados en ambas direcciones, con frecuencia en el mercado general y con certeza, por lo menos, en un número limitado de los valores individuales. Además, es posible que una acción concreta esté minusvalorada por falta de interés o por un prejuicio popular injustificado. Podríamos llegar más lejos y afirmar que en una proporción asombrosamente grande de las operaciones realizadas con acciones ordinarias, los que las realizan no parece que sean capaces de distinguir, por utilizar términos que no puedan ser considerados groseros, una parte de su anatomía de otra. En este libro mostraremos numerosos ejemplos de discrepancias (pasadas) entre precio y valor. Por lo tanto, da la impresión de que cualquier persona inteligente, que tenga una buena capacidad numérica, debería darse todo un festín en el mercado de valores, aprovechándose de la inconsciencia de otras personas. Eso parece, pero por algún motivo a la hora de la verdad las cosas no son tan sencillas. Comprar una acción pasada por alto y, por lo tanto, minusvalorada para obtener beneficios suele ser una experiencia que requiere mucho tiempo y que pone a prueba la paciencia del inversor. Vender en descubierto una emisión excesivamente popular y, por lo tanto, sobrevalorada tiene muchas probabilidades de acabar siendo una prueba no sólo del coraje y la capacidad de resistencia de la persona, sino también de la profundidad de 49