EL INVERSOR INTELIGENTE
2. Selectividad a corto plazo. Esto significa comprar acciones de empresas que declaran, o que está previsto que declaren, un aumento de beneficios, o de empresas respecto de las cuales se prevé algún otro tipo de acontecimiento favorable.
3. Selectividad a largo plazo. En este terreno normalmente se hace hincapié en los excelentes resultados de crecimiento en el pasado, que se considera probable que se mantengan en el futuro. En algunos casos, además, el « inversor » puede elegir empresas que todavía no hayan arrojado resultados impresionantes, pero que se espera que demuestren una elevada capacidad de beneficio en un momento posterior.( Tales empresas suelen pertenecer frecuentemente al área tecnológica por ejemplo, ordenadores, medicamentos, electrónica, y frecuentemente suelen estar desarrollando nuevos procesos o productos que se consideran especialmente prometedores).
Ya hemos expresado anteriormente una opinión negativa acerca de las probabilidades generales que tiene el inversor de alcanzar el éxito en estas áreas de actividad. Hemos excluido la primera técnica, tanto por motivos teóricos como por motivos realistas, del campo de la inversión. Hacer operaciones siguiendo al mercado no es un método « que, tras un análisis exhaustivo, ofrezca seguridad del principal y un rendimiento satisfactorio ». Volveremos a hablar sobre las operaciones de compraventa rápida de valores en el mercado en un capítulo posterior.' *
En su esfuerzo por elegir las acciones más prometedoras ya sea a corto o largo plazo, el inversor se enfrenta a obstáculos de dos tipos, el primero derivado de la falibilidad humana y el segundo de la naturaleza de su competición. Puede equivocarse en sus estimaciones sobre el futuro; o incluso aunque acierte, es posible que el precio de mercado actual ya refleje plenamente lo que el inversor está anticipando. En el área de la selectividad a corto plazo, los resultados del año en curso de una empresa suelen estar, por lo general, descontados por el mercado de valores, que ya los conocerá; los resultados del año siguiente, en la medida en que sean previsibles, ya habrán sido cuidadosamente tenidos en cuenta. Por lo tanto, el inversor que elige emisiones basándose principalmente en los resultados superiores obtenidos en el año en curso, o en lo que se le dice que puede esperar para el año próximo, tiene muchas probabilidades de encontrarse con que muchos otros han hecho lo mismo que él, por el mismo motivo.
Al elegir acciones por sus perspectivas a largo plazo, el inversor se enfrenta a unos obstáculos básicamente idénticos. La posibilidad de un
* Véase el capítulo 8
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