EL INVERSOR INTELIGENTE
acción de 59 centavos a 1,35 dólares con su propio dinero.* Antes de 1968,
su mejor año, los beneficios máximos de la empresa habían sido unos
ridículos 7 centavos por acción. Por supuesto, había ambiciosos planes para
el futuro, pero se estaba pidiendo al público que pagase generosamente por
adelantado la esperanza de que estos planes llegasen a materializarse.
2. No obstante, el precio de la acción se duplicó poco después de su
primera emisión, y cualquiera de esos clientes de las agencias de
intermediación podría haber salido de la operación con un bonito beneficio.
¿Altera este hecho la flotación, o la posibilidad prevista de que pudiese
ocurrir exonera a los distribuidores originales de la emisión de la
responsabilidad de lo sucedido con esta oferta pública y los
acontecimientos que se produjeron posteriormente? Es una pregunta que no
resulta fácil responder, pero merece un análisis detenido por parte de Wall
Street y las agencias supervisoras de la Administración.†
Historia posterior
Con su capital ampliado, AAA Enterprises se introdujo en dos
actividades adicionales. En 1969 abrió una cadena de venta minorista de
moquetas, y adquirió una fábrica que construía caravanas. Los resultados
declarados de los nueve primeros meses no fueron exactamente brillantes,
pero fueron un poco mejores que los del año anterior, 22 centavos por
acción frente a 14 centavos. Lo que ocurrió en los meses siguientes fue
literalmente increíble. La empresa perdió 4.365.000 dólares, o lo que es lo
mismo 1,49 dólares por acción. Esto consumió todo su capital anterior a la
financiación, más los 2.400.000 dólares íntegros recibidos con la venta de
las acciones, más dos tercios del importe declarado como beneficio en los
nueve primeros meses de 1969. Quedaba una patética cantidad de 242.000
dólares, o lo .que es lo mismo 8 centavos por acción, de capital para los
accionistas públicos que habían pagado 13 dólares por la nueva oferta sólo
siete meses antes. No obstante, las acciones cerraron el ejercicio de 1969 a
*
Al comprar más acciones ordinarias con prima respecto de su valor contable, el público inversor
incrementaba el valor del capital por acción de AAA. Sin embargo, los inversores únicamente estaban
intentando auparse tirando de sí mismos, puesto que la mayor parte del aumento de los recursos propios
provenían de la disposición de los inversores a pagar por exceso por la acciones
†
El argumento de Graham es que los bancos de inversión no tienen derecho a apuntarse el mérito de las
ganancias generadas por una acción recalentada justo después de su oferta pública inicial, salvo que
también estén dispuestos a aceptar la responsabilidad sobre los resultados cosechados por la acción a más
largo plazo. Muchas ofertas públicas iniciales de Internet subieron un 1.000% o más en 1999 y comienzos
del año 2000; la mayoría de ellas perdieron más del 95% en los tres años siguientes. ¿Cómo podrían
justificar estos beneficios iniciales percibidos por una reducida cantidad de inversores la destrucción
masiva de patrimonio sufrida por los millones de inversores que llegaron después? En realidad, muchas
ofertas públicas iniciales tenían un precio deliberadamente inferior al que les correspondía, para
«fabricar» beneficios inmediatos que atrajesen una mayor atención para la siguiente oferta.
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