VALORES CONVERTIBLES Y WARRANTS
decir que generalmente, delata la ausencia de una genuina calidad de
inversión del título en cuestión.
Es cierto, por supuesto, que una acción preferente convertible es más
segura que una acción ordinaria de la misma empresa, es decir, .que soporta
un menor riesgo de posible pérdida del principal. En consecuencia, quienes
adquieren nuevos títulos convertibles en lugar de la correspondiente acción
ordinaria actúan con lógica en ese sentido. Sin embargo, en tales casos lo
que suele ocurrir es que la adquisición de la acción ordinaria no habría sido
inteligente, al precio vigente, y la sustitución de la acción ordinaria por la
acción preferente convertible no mejora la situación en medida suficiente.
Además, buena parte de la compra de títulos convertibles ha sido realizada
por inversores que no tenían ningún interés o confianza especial en la
acción ordinaria, es decir, que nunca habrían pensado en comprar la acción
ordinaria en aquel momento, pero que se vieron tentados por la
combinación aparentemente ideal del derecho preferente y del privilegio de
conversión a un precio cercano al vigente en el mercado. En varios casos
esta combinación ha rendido buenos resultados, pero la estadística indica
que es más probable que acabe resultando una trampa.
En conexión con la titularidad de valores convertibles hay un
problema especial que la mayoría de los inversores no detectan. Incluso en
los casos en los que se produce un beneficio, dicho beneficio trae consigo
un dilema. ¿Debería vender el titular su valor cuando se produzca una
pequeña subida?; ¿debería esperar hasta que se produzca una subida mucho
mayor?; si se produce un rescate del título, cosa que suele pasar
frecuentemente si las acciones ordinarias han experimentado una
considerable subida de cotización, ¿debería desprenderse de los títulos en
ese momento o convertidos y conservar la acción ordinaria?*
Hablemos en términos concretos. Supongamos que compra usted una
obligación al 6%, convertible en acciones a 25, es decir, en una proporción
de 40 acciones por cada obligación de 1.000 dólares. La acción sube a 30,
lo que hace que la obligación valga por lo menos 120, y por lo tanto cotiza
a 125. Tiene la opción de vender o de conservar el título. Si lo conserva,
con la esperanza de obtener una cotización superior, estará en una situación
muy similar a la del accionista ordinario, puesto que si la acción pierde
valor, la obligación de la que es titular también lo perderá. Una persona
conservadora probablemente entenderá que superado el nivel de 125 su
*
Una obligación se «rescata» o «amortiza» cuando la sociedad que la ha emitido la paga obligatoriamente
antes de la fecha de vencimiento declarada, o en la última fecha de pago de dividendos. Si se desea un
breve resumen del funcionamiento de las obligaciones convertibles, véase la nota 1 del comentario a este
capítulo (pág. 461).
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