EL INVERSOR INTELIGENTE
posición pasa a ser demasiado especulativa y por lo tanto, venderá y obtendrá un gratificante 25 % de beneficio.
Hasta ahora todo ha salido a pedir de boca. Pero insistamos en esta cuestión un poco más. En muchos casos en los que el tenedor vende a 125, la acción ordinaria sigue subiendo, impulsando con ella al título convertible, y el inversor siente es peculiar punzada que afecta a la persona que ha vendido demasiado pronto. La próxima vez, decide esperar hasta 150 o 200. El valor sube hasta 140 y no vende. Después el mercado se viene abajo y sus obligaciones se desploman hasta 80. Otra vez se ha vuelto a equivocar.
Al margen de la angustia mental que genera hacer este tipo de suposiciones erróneas-que aparentemente son casi inevitables- las operaciones con valores convertibles sufren de un verdadero inconveniente aritmético. Podría suponerse que una política firme y uniforme de vender al 25 % o al 30 % de beneficio sería la que mejor resultados arrojaría para muchas carteras. Esto, por lo tanto delimitaría el límite superior de beneficio que se podría obtener únicamente con las operaciones que diesen buen resultado. No obstante, si, como parece ser el caso, estos valores suelen carecer de una seguridad subyacente adecuada, y suelen salir al mercado y ser adquiridos en las últimas etapas del período alcista de mercado, una buena proporción de ellos será incapaz de alcanzar el nivel de 125, pero no obstante, no tendrá ningún problema para venirse abajo cuando el mercado alcance el punto de inflexión y empiece a bajar. De esta manera, las espectaculares oportunidades ofrecidas por los valores convertibles resultan ser ilusorias en la práctica, y la experiencia general viene determinada por un número de pérdidas sustanciales, por lo menos de naturaleza temporal, equivalente al de ganancias de similar magnitud.
A causa de la extraordinaria duración del período alcista de mercado que tuvo lugar entre 1950 y 1968, los valores convertibles en conjunto ofrecieron buenos resultados durante aproximadamente 18 años. Sin embargo, lo único que significa esto es que la inmensa mayoría de acciones ordinarias obtuvieron grandes subidas, en las que la mayor parte de los valores convertibles pudieron participar. La sensatez de la inversión en valores convertibles únicamente se puede contrastar en función de los resultados que obtengan en un mercado que evolucione a la baja y, en conjunto, dichos resultados han sido insatisfactorios. *
* En los últimos años, las convertibles han tendido a conseguir mejores resultados que el índice de
acciones Standard & Poor ' s 500 durante épocas de declive de los mercados de acciones, pero por lo general han obtenido peores resultados que otras obligaciones, lo cual debilita, aunque no invalida totalmente, la crítica que realiza aquí Graham.
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