INVERSIÓN EN CONTRAPOSICIÓN A ESPECULACIÓN
Al hablar sobre la cartera de acciones del inversor defensivo hemos
limitado nuestros comentarios exclusivamente a emisiones de máxima
categoría del tipo que se incluyen en los 30 títulos integrados en el Dow
Jones Industrial Average. Lo hemos hecho únicamente por comodidad, y
no para dar a entender que solamente esas 30 emisiones son adecuadas para
dicho tipo de inversor. De hecho, hay muchas otras empresas de una
calidad equivalente o superior a la media de la cesta del Dow Jones; entre
ellas se podrían mencionar numerosas empresas concesionarias de servicios
públicos (que disponen de una media Dow Jones independiente para
representarlas).* No obstante, la principal cuestión que se quiere destacar es
que los resultados generales del inversor defensivo no serán, con toda
probabilidad, radicalmente diferentes de una lista diversificada
representativa a otra o, por decirlo más exactamente, que ni dicho inversor
ni sus asesores serán capaces de predecir con certeza cuáles son las
diferencias que acabarán produciéndose en la práctica en última instancia.
Es cierto que se supone que el arte de la inversión hábil radica
especialmente en la selección de aquellos valores que vayan a dar mejores
resultados que el mercado en general. Por motivos que expondremos en
otro momento, somos escépticos respecto a la capacidad que tengan en
general los inversores defensivos de conseguir resultados mejores que la
media, lo que, si nos paramos a reflexionar, supondría en realidad tener que
superar sus propios rendimientos generales.† (Nuestro escepticismo se hace
extensivo a la gestión de los grandes fondos por parte de expertos).
Permítanos ilustrar nuestra afirmación con un ejemplo que en
primera instancia puede dar la impresión de que demuestra exactamente lo
contrario. Entre diciembre de 1960 y diciembre de 1970 el DJIA pasó de
616 a 839, lo que supone un incremento del 36%. No obstante, en el mismo
período el índice ponderado de Standard & Poor's, mucho mayor,
compuesto por 500 acciones pasó de 58,11 a 92,15, lo que supone un
incremento del 58%. Evidentemente, el segundo grupo habría resultado ser
una «compra» mejor que el primero. Pero ¿quién habría estado dispuesto a
predecir en 1960 que lo que parecía un lote variado de todo tipo de
acciones ordinarias iba a conseguir unos resultados nítidamente mejores
que los «treinta tiranos» aristocráticos del Dow? Todo esto demuestra,
*
En la actualidad, las alternativas disponibles de manera más generalizada al Dow Jones Industrial
Average son el índice de acciones Standard & Poor's 500 (el «S&P») y el índice Wilshite 5000. El S&P
se centra en 500 empresas muy conocidas que suponen aproximadamente el 70% del valor total del
mercado de valores de Estados Unidos. El Wilshire 5000 sigue los rendimientos de prácticamente todas
las acciones significativas con cotización pública en Estados Unidos, que ascienden aproximadamente a
.700 en total; sin embargo, como las mayores empresas representan la mayor parte del valor total del
índice, el rendimiento del Wilshire 5000 suele ser bastante similar al del S&P 500. Varios fondos de
inversión de bajo coste permiten a los inversores tener las, acciones incluidas en estos índices en una
única y conveniente cartera de inversión.
(Véase el capítulo 9).
†
Véanse las páginas 401-404 y las páginas 415-419.
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