SELECCIÓN DE ACCIONES PARA EL INVERSOR EMPRENDEDOR
criterio del multiplicador bajo aplicado al DJIA a finales de 1968 obtuvo
unos malos resultados, si los resultados se miden en función de la
evolución hasta mediados de 1971. Los resultados de las adquisiciones de
acciones ordinarias a precios inferiores al valor del capital de explotación
no tienen un estigma negativo de ese tipo; el inconveniente en este caso ha
sido la progresiva desaparición de ese tipo de oportunidades durante la
mayor parte de la última década.
¿Qué podemos decir sobre otros criterios en los que basar la
selección? A la hora de redactar este libro hemos llevado a cabo una serie
de “experimentos” basados cada uno de ellos en un criterio único bastante
claro. Los datos utilizados se podrían encontrar fácilmente en la Guía de
Acciones de Standard & Poor’s. En todos los casos se partió., de la
hipótesis de que se habia comprado una cartera con acciones de 30
empresas a los precios de cierre de 1968, y después se reevaluó esa cartera
a 30 de junio de 1971. Los criterios independientes aplicados fueron los
siguientes, que se emplearon con elecciones por demás aleatorias: (1) Un
multiplicador bajo del beneficio reciente (sin limitarse a las acciones
incluidas en el DJIA). (2) Una elevada rentabilidad por dividendo. (3) Un
historial muy prolongado de pago de dividendos. (4) Un gran volumen de
la empresa, medido en función del número de acciones en circulación. (5)
Una sólida posición financiera. (6) Un precio bajo, expresado en dólares
por acción. (7) Una cotización reducida en relación con el anterior máximo
de cotización. (8) Una calificación de elevada calidad otorgada por
Standard & Poor’s.
Se debe tener en cuenta que la Guía de Acciones tiene por lo menos
una columna relacionada con cada uno de los criterios anteriormente
mencionados. Esto es indicativo de que el editor considera que cada uno de
esos criterios es importante a la hora de analizar y seleccionar acciones
ordinarias. (Como hemos señalado anteriormente, nos gustaría que se
añadiese otra cifra: el valor neto del activo por acción).
El hecho más importante que se puede extraer de nuestras diferentes
pruebas está relacionado con los resultados de las acciones compradas
aleatoriamente. Hemos comprobado estos resultados con tres carteras
compuestas por acciones de 30 empresas, configuradas cada una de ellas
con acciones que se encontraban en la primera línea de la Guía de Acciones
del 31 de diciembre de 1968, y que también aparecían en el número del 31
de agosto de 19?1. Entre estas dos fechas el índice compuesto S&P
prácticamente no había experimentado modificación, y el DJIA había
perdido aproximadamente el 5%. Sin embargo, nuestras 90 acciones
elegidas aleatoriamente habían experimentado un retroceso medio del 22%,
sin tener en cuenta las 19 acciones que habían desaparecido de la Guía y
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