EL INVERSOR INTELIGENTE
conservadora, la primera no es una razón válida para elegir las acciones de
ninguna empresa; es algo que queda reservado para que los especuladores
jueguen. El segundo argumento tiene validez, pero dentro de ciertos
límites. ¿Pueden el crecimiento histórico conseguido en el pasado y las
supuestamente buenas perspectivas de Emery Air Freight justificar que su
cotización sea más de 60 veces sus beneficios recientes?1 Nuestra respuesta
podría ser: tal vez para una persona que haya realizado un estudio muy
detallado de las posibilidades de la empresa y haya llegado a unas
conclusiones extraordinariamente firmes y optimistas. Sin embargo, no
para el inversor cuidadoso que quiere estar razonablemente seguro de
antemano de que no está cometiendo el típico error del excesivo
entusiasmo que suele extenderse por Wall Street cuando se da un buen
resultado de los beneficios y de la actuación en el mercado de valores.* Las
mismas palabras de cautela parecen aplicables en el caso de Emerson
Electric, haciendo especial referencia a la actual valoración del mercado de
más de 1.000 millones de dólares por los intangibles, o por la capacidad de
generación de beneficios, de la empresa. Deberíamos añadir que la
«industria de la electrónica», que en el pasado fue una de las favoritas del
mercado de valores ha retrocedido y ha atravesado una época bastante
desastrosa. Emerson es una destacada excepción, pero tendrá que seguir
siendo una excepción de ese calibre durante muchos años en el futuro antes
de que el precio de cierre en 1970 haya quedado plenamente justificado por
sus resultados posteriores.
En contraste, tanto ELTRA a 27 como Emhart a 33 tienen todos los
distintivos de las empresas que cuentan con un valor suficiente que apoye
su cotización como para constituir una inversión razonablemente protegida.
En estas empresas el inversor podrá, si lo desea, considerarse básicamente
propietario parcial de la entidad, a un coste que se corresponde con lo que
en el balance aparece como dinero invertido en ellas.† La tasa de beneficio
del capital invertido viene siendo satisfactoria desde hace mucho tiempo; la
estabilidad de los beneficios también lo es; la tasa de crecimiento durante el
pasado, sorprendentemente, también. Las dos empresas superarán nuestros
*
Graham tenía razón. Entre las «Cincuenta fantásticas» acciones que estaban más de moda y más
valoradas en 1972 Emery fue de las que peor porvenir tuvo. El número de 1 de marzo de 1982 de Forbes
afirmaba que desde 1972 Emery había perdido un 72,8% de su valor tras descontar la inflación. A finales
de 1974, según los investigadores de inversión del Leuthold Group de Minneapolis, las acciones de
Emery ya habían caído un 58% y su ratio precio / beneficios se había desplomado, de 64 a sólo 15. El
«exuberante entusiasmo» contra el que Graham había advertido quedaba de nuevo a la vista tras un breve
período de tiempo. ¿Puede el paso del tiempo compensar este tipo de exceso? No siempre: Leuthold
calculó que 1.000 dólares invertidos en Emery en 1972 sólo valdrían 839 dólares en 1999. Es probable
que las personas que pagaron un precio excesivo por acciones de Internet a finales de la década de 1990
no recuperen su inversión en muchas décadas, y eso si lo consiguen (véase el comentario al capítulo 20).
†
Lo que afirma Graham es que, basándose en sus cotizaciones en ese momento, el inversor podría
comprar acciones de estas dos empresas por poco más que su valor contable, según se muestra en la
tercera línea de la sección B de la tabla 13.2.
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