EL INVERSOR INTELIGENTE
Sólo en 1998, Global Crossing gastó más de 600 millones de dólares en
construir su red óptica. Ese año, prácticamente un tercio del presupuesto de
construcción se cargó contra los ingresos en forma de gasto denominado
«coste de capacidad vendida». Si no hubiese sido por ese gasto por importe
de 178 millones de dólares, Global Crossing, que declaró una pérdida neta
de 96 millones de dólares, podría haber declarado un beneficio neto de
aproximadamente 82 millones de dólares.
El siguiente año, afirma una nota aparentemente intrascendente al pie
en la memoria anual de 1999, Global Crossing «puso en marcha el método
de contabilidad de contrato de servicios». La empresa dejaría de imputar la
mayor parte de los costes de construcción como gastos contra los ingresos
inmediatos que recibía como resultado de la venta de capacidad de su red.
En lugar de eso, una parte importante de esos costes de construcción
recibirían ahora el tratamiento no de gasto de explotación, sino de inversión
de capital, por lo que, por lo tanto, se incrementaría el activo total de la
empresa, en vez de reducir sus ingresos netos.4
¡Zas! con un movimiento de la varita mágica, la partida del activo de
«inmuebles y bienes de equipo» de Global Crossing creció en 575 millones
de dólares, mientras que sus costes de venta aumentaban sólo en 350
millones de dólares, a pesar de que la empresa estaba gastando más dinero
que un marinero borracho.
Los gastos de capital son una herramienta esencial para que los
directivos consigan que una buena empresa aumente de tamaño y llegue a
ser aún mejor. Sin embargo, las reglas de contabilidad maleables permiten
a los directivos inflar los beneficios declarados transformando los gastos de
explotación normales en activos de capital. Como pone de manifiesto el
caso de Global Crossing, el inversor inteligente tendría que asegurarse de
que comprende lo que una empresa está capitalizando, y los motivos por
los que está capitalizando.
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Global Crossing anteriormente trataba buena parte de sus costes de construcción como un gasto que se
debía imputar contra los ingresos generados de la venta o arrendamiento de los derechos de utilización 'de
su red. Por lo general, los clientes pagaban los derechos por adelantado, aunque algunos podían pagarlos
en plazos a lo largo de períodos de hasta cuatro años. Sin embargo, Global Crossing no contabilizaba la
mayoría de los ingresos por adelantado en el momento de percepción, sino que los difería a lo largo de la
duración del arrendamiento. En la actualidad, sin embargo, dado que las redes tenían una vida útil
estimada máxima de 25 años, Global Crossing ha empezado a tratarlos como activos de capital
amortizable de larga duración. Si bien este tratamiento se ajusta a los Principios de Contabilidad
Generalmente Aceptados, no están claros los motivos por los cuales Global Crossing no lo ha utilizado
hasta el 1 de octubre de 1999, o qué ha sido exactamente lo que ha provocado el cambio. En marzo de
2001, Global Crossing tenía una valoración total de acciones de 12.600 millones de dólares; la empresa
presentó un expediente de quiebra el 28 de enero de 2002, dejando básicamente sin valor alguno sus
acciones ordinarias.
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