EL INVERSOR INTELIGENTE
contable, una buena política de negocio y bueno para las relaciones entre la
dirección y los accionistas. Sin embargo, nosotros albergamos serias dudas
al respecto.
La combinación de unas operaciones generalmente (¿o deberíamos
decir groseramente?) diversificadas junto con el impulso de hacer limpieza
que sintieron las empresas a finales de 1970 ha dado lugar a algunas
desconcertantes notas a. pie de página en las memorias anuales. Es posible
que el lector se quede maravillado ante la siguiente explicación facilitada
por una sociedad que cotizaba en la NYSE (cuyo nombre no revelaremos)
acerca de sus «partidas especiales» que totalizaban 2.357.000 dólares, o lo
que es lo mismo, aproximadamente un tercio de los beneficios antes de las
cancelaciones contables: «Están compuestas por una provisión para el
cierre de las operaciones de Spalding United Kingdom; provisión para los
gastos de reorganización de una división; coste de venta de una pequeña
empresa de fabricación de pañales y biberones, enajenación de una
participación minoritaria en una línea de arrendamiento de automóviles en
España y liquidación de una organización de botas de esquí».*
Hace años las empresas sólidas solían organizar «reservas de
contingencia» con cargo a los beneficios de los buenos años para absorber
algunos de los efectos negativos de los futuros años de crisis. El concepto
subyacente era el de equilibrar los beneficios declarados, más o menos, y
mejorar el factor de estabilidad en el historial de la empresa. Un motivo
digno de encomio, aparentemente; sin embargo, los contables, de manera
justificada, se oponían a esta práctica puesto que falseaba los verdaderos
beneficios. Insistían en que se presentasen los resultados de cada ejercicio
tal y como se habían producido, buenos o malos, y que los accionistas y los
analistas tuviesen la ocasión de hacer los promedios o las ecualizaciones,
por sí mismos. En la actualidad hemos llegado a ser testigos del fenómeno
contrario, en el cual todo el mundo imputa el mayor número de partidas
posibles contra el malhadado año 1970, con el objetivo de comenzar 1971
con una hoja no sólo en blanco, sino especialmente preparada para mostrar
agradables cifras en los años venideros.
Ha llegado el momento de volver a nuestra primera pregunta.
¿Cuáles fueron, entonces, los verdaderos beneficios obtenidos por ALCOA
en·1970? La respuesta exacta sería la siguiente: los 5,01 dólares por acción,
después de «dilución», menos la parte de los 82 centavos de «cargas
especiales» que justificadamente pudiese ser atribuida a los
*
La empresa a la cual Graham se refiere con tanta timidez parece ser American Machine & Foundry (o
AMF Corp.), uno de los grupos organizativos más caóticos de finales de la década de 1960. Fue
predecesora de la actual AMF Bowling Worldwide, que opera boleras y fabrica bienes de equipo para
boleras.
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