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COSAS QUE SE DEBEN TENER EN CUENTA CON RESPECTO DE LOS …
El lector debería detectar dos aspectos ingeniosos del procedimiento de ALCOA que hemos estado exponiendo. El primero es que al anticipar las pérdidas futuras, la empresa soslaya la necesidad de imputar las pérdidas en cuestión a un año concreto. No corresponden a 1970, porque no se produjeron en la práctica en ese ejercicio. Y no se mostrarán en el año en el que se produzcan en práctica, porque ya habrán sido provisionadas. Espléndida maniobra, pero ¿ no podría decirse que es un poco engañosa?
La nota al pie introducida por ALCOA no dice nada sobre la futura bonificación fiscal derivada de estas pérdidas.( La mayor parte de las declaraciones de este tipo indican específicamente que únicamente se ha deducido el « efecto después de impuestos »). Si la cifra de ALCOA representa las pérdidas futuras antes del correspondiente crédito fiscal, entonces no sólo se verán los futuros beneficios libres del peso de estas cargas( en el momento en el que realmente se incurra en ellas), sino que además se verán incrementados por un crédito tributario de aproximadamente el 50 % de su importe. Es difícil creer que la contabilidad se pueda gestionar de esta manera. Sin embargo, es un hecho que algunas empresas que han sufrido grandes pérdidas en el pasado han podido declarar beneficios futuros sin tener que imputar los impuestos ordinarios contra tales beneficios, de una forma que puede hacer que esos beneficios parezcan realmente interesantes, a pesar de que, paradójicamente, se basen en desgracias sufridas en el pasado.( Las compensaciones fiscales derivadas de las pérdidas de años anteriores se contabilizan actualmente por separado como « partidas especiales », pero se contabilizarán en la estadística futura como partes de la cifra de « resultado neto ». Sin embargo, una reserva que se cree en la actualidad para pérdidas futuras, si es después de deducir el crédito tributario esperado, no debería crear una adición de este tipo al resultado neto de los ejercicios posteriores).
El otro rasgo ingenioso es el uso por parte de ALCOA, junto con muchas otras empresas, del cierre del ejercicio de 1970 para realizar ciertas cancelaciones contables especiales. El mercado de valores sufrió lo que aparentemente fue una escabechina en el primer semestre de 1970. Todo el mundo esperaba unos resultados relativamente deficientes para la mayor parte de las empresas en ese ejercicio. Wall Street esperaba ahora mejores resultados para 1971, 1972, etcétera. Qué mejor, entonces, que imputar todas las cargas posibles al año de resultados deficientes, que ya había sido mentalmente dado por perdido y que prácticamente había caído en el abismo del pasado, despejando el camino para unas cifras fantásticamente engordadas en los próximos años. Tal vez se trate de una buena práctica
de momentos brillantes y amables, fijándonos en el lado bueno de las cosas, y dejando que el resto desaparezca de nuestras imaginaciones, sin dejar huella ni rastro »( William Hazlitt, « On a Sun-Dial », ca. 1827). Lamentablemente, los inversores siempre han de contar tanto las horas soleadas como las oscuras
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