inversiones inteligentes 1 | Page 348

EL INVERSOR INTELIGENTE como futuro. En algunos casos extremos pueden llegar a estar disponibles para conseguir que ulteriores cifras de beneficio parezcan casi el doble de lo que en realidad son, gracias a la utilización más o menos malabar de los efectos compensatorios fiscales generados. Al analizar las cargas especiales de ALCOA, lo primero que hay que determinar es cómo se producen. Las notas a pie de página son suficientemente específicas. Las deducciones tienen cuatro orígenes, a saber: l. La estimación del equipo directivo de los costes previstos de cierre de la división de productos manufacturados. 2. Lo mismo respecto del cierre de las plantas de ALCOA Castings Co. 3. Lo mismo respecto de las pérdidas sufridas en el cierre progresivo de ALCOA Credit Co. 4. Además, los costes estimados en 5,3 millones de dólares asociados con la culminación del contrato de unos «paneles divisorios». Todas estas partidas están relacionadas con futuros costes y pérdidas. Es fácil afirmar que no forman parte de los «resultados de explotación ordinarios» de 1970, pero entonces, ¿dónde hay que encuadrar esos resultados? ¿Son tan «extraordinarios y no recurrentes» que no se pueden imputar a ningún ejercicio ni epígrafe? Una empresa de tan grandes dimensiones como ALCOA, con un volumen de facturación que asciende a 1.500 millones de dólares al año, debe tener muchísimas divisiones, departamentos, filiales y similares. ¿No será más normal que extraordinario que una o más de esas entidades resulte no ser rentable y sea necesario cerrarla? Lo mismo cabe decir de cuestiones del estilo del «contrato de construcción de paneles divisorios». Piense en lo que sucedería si cuando una empresa sufriese una pérdida en cualquier área de su actividad, tuviese la brillante idea de cancelarlo, imputándolo en forma de «partida especial», o no recurrente, y de esa forma pudiese declarar un «beneficio básico» por acción que únicamente incluyese los contratos y operaciones rentables. La contabilidad sería como el reloj de sol del rey Eduardo VII, que únicamente marcaba *las «horas de sol». * El rey probablemente encontró su inspiración en un ensayo que fue muy famoso del escritor inglés William Hazlitt, que hablaba sobre un reloj de sol cerca de Venecia que tenía la inscripción Horas non numero nisi serenas, que significa, «Sólo cuento las horas que son serenas». Las empresas que excluyen a toda costa las malas noticias de sus memorias financieras con la excusa de que los acontecimientos negativos son «extraordinarios» o «no recurrentes» están tomando prestada una página de Hazlitt, que urgió a sus lectores «a no dejar que el tiempo les afecte salvo en lo que resulte beneficiosa, a fijarse únicamente en las sonrisas y no hacer caso de los ceños fruncidos, a hacer de nuestras vidas una colección 350