EL INVERSOR INTELIGENTE
como futuro. En algunos casos extremos pueden llegar a estar disponibles
para conseguir que ulteriores cifras de beneficio parezcan casi el doble de
lo que en realidad son, gracias a la utilización más o menos malabar de los
efectos compensatorios fiscales generados.
Al analizar las cargas especiales de ALCOA, lo primero que hay que
determinar es cómo se producen. Las notas a pie de página son
suficientemente específicas. Las deducciones tienen cuatro orígenes, a
saber:
l. La estimación del equipo directivo de los costes previstos de cierre
de la división de productos manufacturados.
2. Lo mismo respecto del cierre de las plantas de ALCOA Castings
Co.
3. Lo mismo respecto de las pérdidas sufridas en el cierre progresivo
de ALCOA Credit Co.
4. Además, los costes estimados en 5,3 millones de dólares asociados
con la culminación del contrato de unos «paneles divisorios».
Todas estas partidas están relacionadas con futuros costes y pérdidas.
Es fácil afirmar que no forman parte de los «resultados de explotación
ordinarios» de 1970, pero entonces, ¿dónde hay que encuadrar esos
resultados? ¿Son tan «extraordinarios y no recurrentes» que no se pueden
imputar a ningún ejercicio ni epígrafe? Una empresa de tan grandes
dimensiones como ALCOA, con un volumen de facturación que asciende a
1.500 millones de dólares al año, debe tener muchísimas divisiones,
departamentos, filiales y similares. ¿No será más normal que extraordinario
que una o más de esas entidades resulte no ser rentable y sea necesario
cerrarla? Lo mismo cabe decir de cuestiones del estilo del «contrato de
construcción de paneles divisorios». Piense en lo que sucedería si cuando
una empresa sufriese una pérdida en cualquier área de su actividad, tuviese
la brillante idea de cancelarlo, imputándolo en forma de «partida especial»,
o no recurrente, y de esa forma pudiese declarar un «beneficio básico» por
acción que únicamente incluyese los contratos y operaciones rentables. La
contabilidad sería como el reloj de sol del rey Eduardo VII, que únicamente
marcaba *las «horas de sol».
*
El rey probablemente encontró su inspiración en un ensayo que fue muy famoso del escritor inglés
William Hazlitt, que hablaba sobre un reloj de sol cerca de Venecia que tenía la inscripción Horas non
numero nisi serenas, que significa, «Sólo cuento las horas que son serenas». Las empresas que excluyen a
toda costa las malas noticias de sus memorias financieras con la excusa de que los acontecimientos
negativos son «extraordinarios» o «no recurrentes» están tomando prestada una página de Hazlitt, que
urgió a sus lectores «a no dejar que el tiempo les afecte salvo en lo que resulte beneficiosa, a fijarse
únicamente en las sonrisas y no hacer caso de los ceños fruncidos, a hacer de nuestras vidas una colección
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