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ANÁLISIS DE VALORES PARA EL INVERSOR INEXPERTO: ENFOQUE GENERAL 3. Fortaleza financiera y estructura de capital. Las acciones de una empresa que cuente con abundante superávit de efectivo y respecto de la cual no haya valores preferentes a sus acciones ordinarias es, evidentemente, una mejor compra (al mismo precio) que las de otra empresa que tenga los mismos beneficios por acción pero que también tenga numerosos préstamos bancarios o valores preferentes. Estos factores son adecuada y meticulosamente tenidos en cuenta por parte de los analistas de valores. Una cantidad modesta de obligaciones o de acciones preferentes, sin embargo, no es necesariamente una desventaja para las acciones ordinarias, como tampoco lo es un uso moderado de créditos bancarios estacionales. (Por cierto, una estructura de capital en la que los instrumentos primarios tengan una gran preponderancia, muy pocas acciones ordinarias en relación con las obligaciones y las acciones preferentes, puede, en condiciones favorables, tener como consecuencia un enorme beneficio especulativo para las acciones ordinarias. Es el factor que se conoce como «apalancamiento»). 4. Historial de dividendos. Una de las pruebas más persuasivas de la buena calidad es una historia sin interrupciones de pago de dividendos que se remonte a muchos años. Creemos que el historial de pagos de dividendos constantes durante los 20 últimos años o más es un importante factor favorable en la calificación de calidad de la empresa. De hecho, el inversor defensivo tendría buenos argumentos para limitar sus adquisiciones a las empresas que superasen esta prueba. 5. Tasa de dividendo actual. Este, nuestro último factor adicional, es el más difícil de abordar de una forma satisfactoria. Afortunadamente, la mayor parte de las empresas han adquirido la práctica de seguir lo que cabe denominar política estándar de dividendos ordinarios. Esto significa la distribución de aproximadamente dos tercios de sus beneficios medios, con la salvedad de que en el reciente período de elevados beneficios y grandes demandas de capital adicional la cifra ha tendido a reducirse. (En 1969 fue el 59,5% de las acciones en la media Dow Jones y el 55% si se incluye en el cálculo a todas las empresas estadounidenses).* En los casos en los que los dividendos tienen una relación normal con los beneficios, la valoración se puede hacer atendiendo a cualquiera de los criterios, sin que ello afecte gravemente al resultado. Por ejemplo, una empresa de segundo orden típica con unos beneficios medios previstos de 3 dólares y un dividendo previsto de 2 dólares podría estar valorada a 12 veces sus beneficios o 18 veces su dividendo, y no obstante arrojaría un valor de 36 en ambos casos. * Esta cifra, en la actualidad se conoce como «ratio de distribución de beneficios». A finales de 2002, el ratio estaba en un nivel de 34,2% respecto del índice de acciones S&P 500, y en épocas tan recientes como 2000 alcanzó el mínimo histórico de 25,3%.(Véase www.barra.com/research/fundamentals.asp). Nos ocupamos de la política de dividendos con más detenimiento en el comentario al capítulo 19. 329