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EL INVERSOR INTELIGENTE
que se relacionan con el público tienen un departamento analítico o « estadístico » que responde a las consultas y hace recomendaciones. Estas agencias reparten gran cantidad de literatura analítica, en ocasiones muy elaborada y costosa, gratuitamente entre los clientes de la agencia.
La consideración que se tenga sobre la relación que mantienen estas agencias con sus clientes tiene una gran trascendencia. Se trata de una relación similar a la que mantiene una empresa con sus clientes, o similar a la que tiene un profesional de una organización de servicios con los suyos. El sector de las agencias de intermediación de Wall Street ha establecido probablemente las normas éticas más estrictas aplicadas por cualquier empresa, pero todavía dista mucho de alcanzar el nivel de las normas y el tipo de relación que se establece cuando se presta un servicio profesional. *
En el pasado, Wall Street ha prosperado básicamente gracias a la especulación, y los especuladores del mercado de valores eran un grupo que prácticamente con absoluta certeza estaban abocados a perder dinero. Por lo tanto, ha sido lógicamente imposible que las agencias de bolsa operasen aplicando criterios estrictamente profesionales. Si lo hubiesen hecho, se habrían visto obligadas a encaminar sus esfuerzos a la reducción, en vez de al incremento, de su volumen de actividad.
Lo más lejos que han llegado ciertas agencias de intermediación en bolsa en ese sentido, y lo más lejos que cabe esperar que vayan a llegar, consiste en abstenerse de inducir o animar a cualquier persona a que especule. Este tipo de agencias se han limitado a ejecutar las órdenes que se les dan, a ofrecer análisis e información financiera y a proporcionar opiniones sobre las potenciales ventajas que ofrecen ciertos valores como inversión. De este modo, por lo menos en teoría, evitan todo tipo de responsabilidad respecto de los beneficios o las pérdidas que sufran sus clientes especuladores. †
La mayor parte de las agencias de bolsa, sin embargo, siguen aplicando los viejos eslóganes según los cuales hacen negocios para ganar comisiones y la forma de tener éxito en su actividad consiste en ofrecer a los clientes lo que los clientes quieren. Dado que los clientes más rentables quieren sugerencias de asesoramiento especulativo, la reflexión y las
* En general, Graham era uno de los observadores más implacables y cínicos que se han visto en Wall
Street. Sin embargo, en este caso inusual su cinismo se quedó corto. Wall Street puede tener unas normas éticas más elevadas que algunas actividades lucrativas( el contrabando, la prostitución, el tráfico de influencias en el Congreso y el periodismo están entre las que vienen a la mente) pero el mundo de la inversión, no obstante, tiene suficientes mentirosos, tramposos y ladrones para mantener a los recepcionistas de Satanás frenéticamente atareados en las décadas venideras † Los miles de personas que compraron acciones a finales de 1990 en la creencia de que los analistas
deWall Street estaban ofreciendo asesoramiento objetivo y valioso han descubierto, a las malas, hasta qué punto tenía Graham razón sobre esta cuestión.
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