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EL INVERSOR INTELIGENTE
que se interesan las firmas de asesoramiento de inversión. Los clientes de estas últimas suelen estar interesados, habitualmente, en que se les libre de la molestia y de la necesidad de adoptar decisiones. Los servicios de información financiera, por otra. parte, ofrecen información y orientación a las personas que se encargan de gestionar y dirigir sus propios asuntos financieros o que se dedican a prestar asesoramiento a otras personas. Muchos de estos servicios se limitan exclusivamente, o casi, a la previsión de los movimientos del mercado aplicando diferentes métodos « técnicos ». Dejaremos estos servicios a un lado con la simple indicación de que su trabajo no interesa a los « inversores » tal y como se emplea este término en este libro.
Por otra parte, algunos de los más conocidos, como por ejemplo el Investment Service de Moody ' s y el de Standard & Poor ' s, están identificados con organizaciones estadísticas que recopilan los abundantes datos estadísticos que forman la base de todos los análisis de valores serios. Estos servicios tienen una clientela muy variada, que va desde los inversores más conservadores a los más osados especuladores. En consecuencia, deben de tener muchas dificultades para atenerse a una filosofía esencial o claramente definida a la hora de formular sus opiniones y recomendaciones.
Un servicio hondamente arraigado del estilo del de Moody ' s y los demás, evidentemente, debe ofrecer algo valioso a una amplia gama de inversores. ¿ Qué es ese algo? Básicamente, se ocupan de las cuestiones que interesan al inversor-especulador activo típico, y sus opiniones sobre estas cuestiones están revestidas de un cierto halo de autoridad, o por lo menos parecen más dignas de confianza que las de un cliente que no cuente con ayuda.
Durante años los servicios de información financiera han estado realizando previsiones sobre el mercado de valores sin que ninguno se tomase esta actividad muy en serio. Como prácticamente cualquier otro participante en este sector, en ocasiones acertaban y en otras se equivocaban. En todos los casos en los que podían trataban de proteger sus opiniones con el objetivo de evitar el riesgo de que se acabase demostrando que se habían equivocado radicalmente.( Se ha llegado a desarrollar un fino arte de enunciado de frases dignas del oráculo de Delfos, que permite adaptar con éxito cualquier afirmación a cualquier cosa que pueda ocurrir en el futuro). En nuestra opinión, tal vez sesgada por los prejuicios, este segmento de su trabajo no tiene ningún significado real, salvo por la luz que arroja respecto de la naturaleza humana en los mercados de valores. Prácticamente todas las personas interesadas en el mercado de valores quieren que otra persona les diga lo que opina sobre lo que va a pasar en el
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