inversiones inteligentes 1 | Page 278

EL INVERSOR INTELIGENTE empresas, tendrá que repartir su dinero entre un inmenso número de empresas, lo que probablemente supondrá que tendrá que ampliar muchísimo su campo de atención. Los trucos de manos no dan más de sí. Algunas empresas están especializadas en «incubar» sus fondos, haciendo pruebas en el ámbito privado antes de colocarlos entre el público. (Habitualmente, los únicos accionistas son empleados y filiales de la propia sociedad del fondo). El patrocinador se asegura de que el tamaño de estos fondos sea diminuto, para poder emplearlos como cobayas para sus estrategias de riesgo que funcionan mejor con pequeñas cantidades de dinero, por ejemplo, comprando acciones de empresas minúsculas o haciendo operaciones fugaces con ofertas públicas iniciales. Si su estrategia sale bien, el fondo puede atraer en masa a inversores públicos dando publicidad a la rentabilidad obtenida de manera privada. En otros casos, el gestor del fondo «renuncia a» (o deja de cobrar) las comisiones de gestión, con lo que incrementa el rendimiento neto, y después, cuando los elevados rendimientos han atraído a muchos clientes, se asegura de que éstos las paguen todas juntas. Prácticamente sin excepción alguna, los rendimientos de los fondos incubados y de los fondos cuyos gestores han renunciado (temporalmente) a las comisiones han caído en la mediocridad después de que los inversores ajenos a los fondos los inundaran con millones de dólares. Gastos crecientes. Frecuentemente, cuesta más hacer operaciones con acciones en bloques muy grandes que en bloques más pequeños; cuando hay menos compradores y vendedores, resulta más difícil casar una operación. Un fondo con 100 millones de dólares de activos gestionados puede pagar el 1% al año en costes de operación. Sin embargo, si ese fondo, a causa de su elevada rentabilidad, se multiplica hasta los 10.000 millones de dólares, sus operaciones podrían llegar a consumir fácilmente por lo menos el 2% de sus activos. El típico fondo suele tener en cartera sus acciones únicamente durante 11 meses cada vez, por lo que los costes de operación pueden hacer desaparecer los resultados como el ácido corrosivo. Mientras tanto, los restantes costes de gestión de un fondo raramente se reducen, y en ocasiones llegan a aumentar, a medida que crecen los activos. Con unos gastos de operación que alcanzan un promedio del 1,5%, y unos costes de negociación que rondan el 2%, el fondo típico tiene que superar al mercado en un 3,5% al año antes de deducir los costes, y eso simplemente le servirá para conseguir unos resultados iguales que el mercado después de que haya deducido los costes en que haya incurrido. Comportamiento borreguil. Por último, cuando el fondo ha conseguido éxito, sus gestores suelen volverse tímidos y partidarios de la 280