EL INVERSOR INTELIGENTE
íntegro de mercado, arrojando un beneficio espectacular, e ilusorio.
Etcétera, etcétera. Es sorprendente cómo, en una atmósfera radicalmente
diferente en materia de reglamentación y prohibiciones, Wall Street fue
capaz de imitar buena parte de los excesos y errores cometidos en la década
de 1920.
Indudablemente, se impondrán nuevas normas y nuevas previsiones.
Los abusos específicos cometidos a finales de la década de 1960 quedarán
proscritos de forma bastante eficaz en Wall Street. No obstante, sería
mucho esperar que el ansia de especular desapareciese para siempre, o que
el aprovechamiento de esa ansia se pudiese abolir definitivamente. Parte
del armamento del inversor inteligente consiste en ser consciente de estas
«alucinaciones extraordinariamente populares»4 y en saber mantenerse lo
más lejos posible de ellas».
La imagen arrojada por la mayor parte de los fondos de alto
rendimiento es deficiente si analizamos su evolución después del
espectacular registro que consiguieron en 1967. Con las cifras de 1967
incluidas, sus resultados generales no son tan desastrosos. Con esos
criterios de valoración, uno de los operadores incluidos en «The Money
Managers» consiguió unos resultados manifiestamente mejores que el
índice compuesto S&P, tres lo hicieron indiscutiblemente peor y seis
consiguieron unos resultados más o menos similares. Fijémonos, como
referencia de control, en otro grupo de fondos de alto rendimiento, los diez
que consiguieron mejores resultados en 1967, con unas ganancias que
oscilaron entre el 84% y el 301% únicamente en ese año. De estos fondos,
cuatro arrojaron un rendimiento general mejor a cuatro años que el índice
S&P, siempre y cuando se incluyan los beneficios del año 1967 en el
cálculo; dos superaron al índice en 1968-1970. Ninguno de estos fondos
tenía gran volumen, y el tamaño medio rondaba los 60 millones de dólares.
Por lo tanto, existe una clara indicación de que este pequeño tamaño es un
requisito necesario para conseguir unos resultados sobresalientes de manera
continuada.
La imagen que se ha ofrecido hasta ahora entraña la conclusión
implícita de que cuando los gestores de los fondos de inversión tratan de
conseguir un rendimiento superior cabe la posibilidad de que surjan riesgos
especiales. Toda la experiencia financiera históricamente acumulada hasta
el momento presente indica que los grandes fondos, gestionados con
arreglo a criterios sensatos, son capaces de generar, en el mejor de los
casos, unos resultados sólo levemente mejores que los resultados medios
del mercado a lo largo de los años. Si estos fondos son gestionados con
arreglo a criterios insensatos, podrán conseguir unos beneficios
espectaculares, aunque en gran medida engañosos, durante un período
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