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EL INVERSOR INTELIGENTE
esta sección haciendo la importante salvedad de que lo que en ellas se afirma no es de aplicación a la gran mayoría de fondos firmemente asentados, sino a una sección relativamente reducida del sector que ha captado una cantidad de atención desproporcionadamente grande. La historia se puede exponer con gran sencillez. Algunos de los encargados de estos fondos se marcan el objetivo de conseguir unos resultados mucho mejores que la media( o que el DJIA). Consiguen hacerla durante un período de tiempo, consiguen una publicidad considerable y muchos más fondos para gestionar. El objetivo era bastante legítimo; por desgracia, parece que en el contexto de la inversión de fondos de dimensiones realmente grandes, este objetivo no se puede alcanzar sin correr riesgos elevados. Por lo tanto, en un período relativamente breve de tiempo, los riesgos se hicieron realidad.
Algunas de las circunstancias que han rodeado al fenómeno del « alto rendimiento » han provocado ostentosos signos de desaprobación entre quienes tenemos una experiencia que se remonta lo suficiente en el tiempo, en algunos casos hasta la década de 1920, y cuyas opiniones, por lo tanto, han sido consideradas anticuadas e irrelevantes en esta( segunda) nueva era. En primer lugar, y en este preciso terreno, prácticamente todos estos gestores de alto y brillante rendimiento eran jóvenes, de 30 o 40 años, cuya experiencia financiera directa se limitaba en exclusiva al continuo período alcista de mercado de 1948 a 1968. En segundo lugar, siempre actuaban como si la definición de « inversión sensata » fuese la de una acción que probablemente fuese a disfrutar de una buena subida en el mercado durante los siguientes meses. Esto provocó grandes compromisos en empresas de muy reciente creación, a unos precios absolutamente desproporcionados con relación a sus activos o a sus beneficios en términos históricos. Esto únicamente podía « justificarse » con una combinación de esperanza infantiloide en los futuros logros de estas empresas junto con una aparente destreza para explotar el entusiasmo especulador del público des informado y avaricioso.
En esta sección no mencionaremos nombres de personas. Sin embargo, estamos absolutamente convencidos de que tenemos todos los motivos del mundo para mencionar nombres concretos de empresas. El « fondo de alto rendimiento » que más llamó la atención del público fue, indudablemente, Manhattan Fund, Inc., constituido a finales de 1965. Su oferta inicial estuvo compuesta por 27 millones de acciones a una cotización de entre 9,25 y 10 dólares por acción. La sociedad comenzó su andadura con 247 millones de dólares de capital. Se centraba, por supuesto, en la ganancia de capital. La mayor parte de sus fondos se invirtieron en acciones que cotizaban a elevados multiplicadores de los beneficios corrientes, que no pagaban dividendo( o que pagaban un dividendo muy
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