inversiones inteligentes 1 | Page 249

COMENTARIO AL CAPÍTULO 8 En una ocasión entrevisté a un grupo de jubilados de Boca Raton, una de las comunidades de jubilados más ricos de Florida. Cuando pregunté a estas personas, que en su mayoría tenían 70 años o más, si habían conseguido mejores resultados que el mercado durante su vida como inversores, algunos me contestaron que sí, y otros que no; y la mayoría no estaban seguros. Uno de ellos me dijo: «¿Y qué más me da? Lo único que sé es que gracias a mis inversiones he conseguido ganar suficiente dinero para acabar viviendo en Boca». ¿Cabe una respuesta mejor? Después de todo, el objetivo de la inversión no consiste en ganar más dinero que la media, sino en ganar suficiente dinero para satisfacer sus propias necesidades. La mejor forma de medir el éxito de su inversión no consiste en saber si está ganando al mercado, sino en saber si ha elaborado un plan financiero y una disciplina de conducta que tenga probabilidades de permitirle llegar adonde quiere llegar. En última instancia, lo que importa no es cruzar la meta antes que el resto, sino asegurarse de que uno llega a su meta.8 Su dinero y su cerebro Entonces, ¿por qué les resulta tan cautivador el Sr. Mercado a los inversores? En la práctica, nuestro cerebro está programado para provocamos problemas a la hora de invertir; los seres humanos somos animales que tratamos de identificar pautas de actuación. Los psicólogos han demostrado que si se presenta una serie aleatoria a un grupo de personas, y se les dice que es imprevisible, insistirán, no obstante, en tratar de adivinar qué va a salir a continuación. De la misma manera, “sabemos” que la siguiente tirada de dados será un 7, que un jugador que lanza una falta va a marcar el gol, que los siguientes números ganadores de la lotería primitiva van a ser, incuestionablemente, 4-27-9-16-42-10, y que las acciones de esta pequeña empresa se van a convertir en el siguiente~ Microsoft. Unas recientes investigaciones revolucionarias de la ciencia neurológica indican que nuestros cerebros están diseñados para percibir tendencias incluso donde no las hay. Después de que un acontecimiento suceda dos o tres veces seguidas, ciertas zonas de nuestro cerebro, de manera automática, anticipan que va a suceder de nuevo. Si el acontecimiento se repite, un producto químico natural denominado dopamina se libera, inundando el cerebro con una leve euforia. De esta forma, si una acción sube unas cuantas veces, de manera reflej