EL INVERSOR INTELIGENTE
Su riesgo, si decide qué parte de su patrimonio total queda
expuesto a los azares del mercado de valores, mediante la
diversificación y mediante los ajustes de la cartera.
Su factura tributaria, si conserva las acciones durante el período
necesario para reducir al máximo sus obligaciones tributarias,
atendiendo a la normativa fiscal que se encuentre vigente en cada
momento.
Y, en especial, su propio comportamiento.
Si presta atención a los programas financieros de televisión, o si lee a
la mayoría de los columnistas especializados en el mercado, acabará
pensando que la inversión es una especie de deporte, o de guerra, o de
lucha para sobrevivir en un entorno hostil. Sin embargo, la inversión no
consiste en ganar a otros siguiendo sus reglas del juego. Consiste en
aprender a controlarse en el juego que decida usted jugar. El desafío para el
inversor inteligente no consiste en encontrar las acciones que más vayan a
subir o que menos vayan a bajar, sino en no permitir que se convierta usted
en su peor enemigo, en impedir que acabe comprando a precios elevados
simplemente porque el Sr. Mercado le grite «¡A comprar!» y en no permitir
que acabe vendiendo a precios bajos simplemente porque el Sr. Mercado
diga en un momento determinado «¡A vender!».
Si su horizonte de inversión es a largo plazo, por lo menos 25 o 30
años únicamente hay un método adecuado que pueda seguir: compre todos
los meses, de manera automática, y en todas las demás ocasiones en las que
pueda prescindir de algo de dinero. La mejor opción para este tipo de
carteras vitalicias es un fondo que compre un índice completo de mercado.
Venda únicamente cuando necesite el dinero (si necesita un apoyo
psicológico, fotocopie y firme su «Contrato de propietario de inversiones»,
que encontrará en la página 256).
Si quiere ser un inversor inteligente, también tiene que negarse a
juzgar su éxito financiero en comparación con lo que está consiguiendo una
cuadrilla de personas que son absolutamente desconocidas para usted.
Usted no será ni un penique más pobre si otra persona que vive en Denver,
en DalIas o en Durango consigue mejores resultados que el S&P 500 y
usted no los consigue. No hay ningún epitafio que diga «Ganó al mercado».
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