EL INVERSOR INTELIGENTE
¿ Qué estaba sucediendo en Inktomi, la empresa, para que Inktomi, las acciones, fuesen tan valiosas? La respuesta parece evidente: un crecimiento fenomenalmente rápido. En los tres meses concluidos en diciembre de 1999, Inktomi había vendido productos y servicios por valor de 36 millones de dólares, más de lo que había conseguido en todo el año que finalizó en diciembre de 1998. Si Inktomi fuese capaz de sostener el ritmo de crecimiento que había conseguido en los 12 meses anteriores durante un período de cinco años más, sus ingresos se multiplicarían, y pasarían de 36 millones de dólares por trimestre a 5.000 millones de dólares al mes. Con tamañas perspectivas de crecimiento, cuanto más rápidamente subía la acción, más lejos parecía que sería capaz de llegar.
No obstante, en su irracional enamoramiento con las acciones de Inktomi, el Sr. Mercado había pasado por alto una cuestión relacionada con su actividad empresarial. La empresa perdía dinero, toneladas de dinero. Había perdido 6 millones de dólares en el último trimestre, 24 millones de dólares en los 12 meses anteriores a ese trimestre, y otros 24 millones de dólares en el año anterior a esos 12 meses. Durante toda su vida empresarial, Inktomi no había conseguido ni un centavo de beneficios. Sin embargo, el 17 de marzo de 2000, el Sr. Mercado había determinado un valor para esta minúscula empresa que alcanzaba los 25.000 millones( sí, ha leído bien, nada más y nada menos que 25.000 millones) de dólares.
Después, el Sr. Mercado cayó presa de una súbita depresión. El 30 de septiembre de 2002, justo dos años y medio después de que alcanzasen los 231,625 dólares por acción, las acciones de Inktomi cerraron a 25 centavos, lo que supuso un colapso desde un valor total de mercado máximo de 25.000 millones de dólares a un mínimo de 40 millones de dólares. ¿ Se había agotado el negocio de Inktomi? No en absoluto; durante los 12 meses anteriores, la empresa había conseguido 113 millones de dólares en ingresos. ¿ Qué había cambiado entonces? Únicamente el humor del Sr. Mercado: a principios de 2000, los inversores estaban tan irrefrenablemente interesados por Internet, que habían determinado un precio para las acciones de Inktomi que representaba 250 veces los ingresos de la empresa. En la actualidad, estaban dispuestos a pagar únicamente 0,35 veces sus ingresos. El Sr. Mercado se había transformado pasando de Dr. Jekyll a Mr. Hyde, y se estaba asegurando de que las acciones que le habían hecho quedar mal se las pagasen todas juntas.
Sin embargo, el Sr. Mercado no tenía más justificación para emprender este feroz ataque a medianoche que la que había tenido para mostrarse insensatamente eufórico. El 23 de diciembre de 2002, Yahoo! Inc. anunció que compraba Inktomi por 1,65 dólares por acción. Era aproximadamente siete veces la cotización de Inktomi el 30 de septiembre.
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