Comentario al capítulo 8
La felicidad de quienes ansían la popularidad depende
de los demás; la felicidad de los que persiguen el placer fluctúa
con estados de ánimo que no pueden controlar; sin embargo, la
felicidad de los sabios surge de sus propios actos libres.
Marco Aurelio
Dr. Jekyll y Sr. Mercado
La mayor parte de las ocasiones el mercado determina los precios de
la mayoría de las acciones con una destacable brillantez. Millones de
compradores y de vendedores regateando precios son capaces de conseguir
unas valoraciones empresariales destacablemente exactas, en promedio. Sin
embargo, en ocasiones, no se consigue un precio ajustado; ocasionalmente,
el resultado es un precio tremendamente desajustado. En tales ocasiones, es
necesario comprender la imagen del Sr. Mercado que ofrecía Graham, que
probablemente es la mejor imagen que se ha elaborado en toda la historia
para explicar por qué en algunas ocasiones el precio de las acciones llega a
ser tan injustificado.1 El maníaco-depresivo Sr. Mercado no siempre
determina los precios de las acciones de la misma forma en que un tasador
o un comprador privado determinarían el valor de una empresa. Al
contrario, cuando la cotización de las acciones sube, está encantado de
pagar un precio superior a su valor objetivo; por otra parte, cuando la
cotización baja, está desesperado por desprenderse de las acciones por
menos de su valor real.
¿Sigue estando por aquí el Sr. Mercado? ¿Sigue siendo bipolar? Por
supuesto que sí.
El 17 de marzo de 2000, las acciones de Inktomi Corp. alcanzaron un
nuevo máximo histórico de cotización, en 231,625 dólares. Desde que
comenzaron a cotizar en junio de 1998, las acciones de esta empresa de
software de búsqueda por Internet habían aumentado de valor
aproximadamente en un 1.900%. En las pocas semanas que habían
transcurrido desde diciembre de 1999, la cotización prácticamente se había
triplicado.
1
Véase el texto de Graham, págs. 233-234.
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