inversiones inteligentes 1 | Page 231

EL INVERSOR Y LAS FLUCTUACIONES DEL MERCADO parte, siguiendo la misma lógica, podrían haberse desentendido de la situación del mercado afirmando que era temporal y básicamente irrelevante. En cualquier caso, es un autoengaño convencerse de que no se ha sufrido ninguna reducción de valor simplemente porque los valores no cotizan en el mercado. Volviendo a nuestro accionista de A & P de 1938, afirmamos que, en tanto en cuanto hubiera conservado sus acciones, no habría sufrido ninguna pérdida por la reducción de precio, más allá de lo que su propia capacidad de juicio pudiese indicarle como consecuencia de la reducción del valor subyacente o intrínseco. Si no se había producido ninguna reducción de este tipo, el accionista tendría todo el derecho a esperar que en su debido momento la cotización del mercado volviese a recuperar el nivel de 1937 o un nivel mejor, como en la práctica acabó sucediendo al año siguiente. En este sentido, su posición era por lo menos tan favorable como si hubiese sido propietario de una participación en una empresa no cotizada. Porque en este caso, también, podría haber tenido, o no, motivos justificados para recortar mentalmente parte del coste de sus participaciones, atribuyendo ese recorte al efecto de la recesión de 1938, dependiendo de lo que hubiese pasado con su empresa. Los críticos del método de valor para realizar inversiones en acciones afirman que las acciones ordinarias no se pueden considerar ni evaluar adecuadamente de la misma forma que una participación en una empresa similar que no cotice, porque la presencia de un mercado de valores organizado «aporta a la propiedad del capital un atributo nuevo y extraordinariamente importante de liquidez». Sin embargo, lo que esta liquidez significa realmente es, en primer lugar, que el inversor tiene la ventaja de la evaluación diaria y cambiante realizada por el mercado de valores respecto de su cartera, sea cual sea la utilidad que pueda tener esa valoración, y en segundo lugar, que el inversor es capaz de aumentar o reducir su inversión, por la cifra cotizada por el mercado a diario, si desea hacerlo. Por lo tanto, la existencia de un mercado en el que coticen los valores ofrece al inversor ciertas opciones que no tendría si sus valores no cotizasen. En cualquier caso, esa existencia no impone la cotización vigente a un inversor que prefiera basar su concepto de valor en cualquier otra fuente. Cerremos esta sección con algo parecido a una parábola. Imagine que usted es propietario de una pequeña participación en una empresa no cotizada que le cuesta 1.000 dólares. Uno de sus socios