EL INVERSOR INTELIGENTE
Volvamos a nuestra comparación entre el tenedor de acciones
negociables y la persona que tiene una participación en la empresa no
cotizada. Hemos afirmado que el primero tiene la opción de considerarse
simplemente el propietario parcial de las diferentes empresas en las que ha
invertido, o alternativamente puede pensar que es el tenedor de acciones
que se pueden vender en cualquier momento que desee al precio al que
cotizan en el mercado.
. No obstante, se debe tener en cuenta este hecho importante: el
verdadero inversor prácticamente nunca se ve obligado a vender sus
acciones, y, salvo en esos contados momentos en que pudiese verse forzado
a vender, está en perfectas condiciones para desentenderse de la cotización
vigente. Deberá prestar atención a las cotizaciones y llevar a cabo algunaintervención únicamente en la medida en que le convenga, y no más.* Por
lo tanto, el inversor que permita que otros le arrastren a las estampidas o
que se preocupe indebidamente por las retracciones injustificadas
provocadas por el mercado en sus carteras estará transformando
perversamente su ventaja básica en una desventaja esencial. Se trata de
personas que estarían mejor si sus acciones no cotizasen en absoluto porque
podrían librarse de la angustia mental que les provocan los errores de juício
cometidos por otras personas.†
Por cierto, se dio una situación generalizada de este tipo en la
práctica durante los oscuros años de la depresión de 1931-1933. En aquella
época se disfrutaba de una ventaja psicológica cuando se tenían
participaciones de empresas que no cotizaban en el mercado. Por ejemplo,
las personas que eran propietarias de primeras hipotecas sobre bienes
inmuebles que siguieron pagando intereses estuvieron en condiciones de
decirse a sí mismas que sus inversiones habían mantenido todo su valor, al
no haber cotizaciones de mercado que indicasen otra cosa. Por otra parte,
muchas obligaciones de empresas cotizadas, que tenían una calidad aún
mejor y una fortaleza subyacente aún mayor sufrieron graves reducciones
en sus cotizaciones de mercado, que llevaron a sus propietarios a creer que
cada vez eran más pobres. En realidad, los propietarios estaban en mejor
situación con los valores cotizados, a pesar de sus precios reducidos. Esto
es así porque si lo hubiesen deseado, o si se hubiesen visto obligados,
podrían por lo menos haber vendido las acciones, tal vez para cambiarlas
por otras que supusiesen una mejor oportunidad. Alternativamente, por otra
*
«Únicamente en la medida en que le convenga» debe interpretarse como «únicamente en la medida en
que el precio sea lo suficientemente favorable para justificar la venta de la acción».
†
Es perfectamente posible que éste sea el párrafo más importante de todo el libro de Graham. En estas
palabras, Graham resume la experiencia de toda su vida. Por muchas veces que haya leído estas palabras,
nunca estará de más que vuelva a hacerla; son como la criptonita para los períodos bajistas de mercado. Si
mantiene estas palabras siempre a mano y deja que ellas le guíen a lo largo de su vida de inversión,
logrará sobrevivir en cualquier mercado.
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