EL INVERSOR Y LAS FLUCTUACIONES DEL MERCADO
a entender que había expectativas de un espectacular crecimiento de los
beneficios. Este optimismo no tenía ninguna justificación que pudiese
encontrarse en la contabilidad de beneficios de la empresa de los años
anteriores, y resultó ser un error absoluto. En vez de aumentar rápidamente,
la evolución de los beneficios en el período posterior fue por lo general a la
baja. El año siguiente al 70,5 el precio se redujo más de la mitad, hasta 34.
No obstante, en esta ocasión las acciones no eran la oportunidad que habían
sido en el momento de la cotización mínima de 1938. Después de
diferentes tipos de fluctuación, el precio descendió hasta otro nivel de 20,5
en 1970 y de 18 en 1972, después de haber declarado el primer déficit
trimestral de su historia.
En esta historia podemos apreciar las diferentes vicisitudes que
puede atravesar una importante empresa estadounidense en poco más de
una sola generación y también cuántos errores de cálculo y excesos de
optimismo y de pesimismo ha cometido el público a la hora de evaluar sus
acciones. En 1938 la empresa era prácticamente un regalo, y nadie quiso
aceptarlo; en 1961 el público pedía a gritos acciones a precios
ridículamente elevados. Después de ese momento de histeria se produjo
una rápida pérdida de la mitad del valor de mercado, y pocos años después
otro declive adicional importante. En el ínterin la empresa pasó de ser una
extraordinaria generadora de beneficios a cosechar mediocres resultados;
su beneficio en 1968, año en el que se produjo un espectacular crecimiento
de la economía, fue inferior al del año 1958; había pagado una serie de
confusos dividendos pequeños que no estaban justificados por las
aportaciones actuales al superávit; y así sucesivamente. A & P era una
empresa de mayores dimensiones en 1961 y en 1972 que en 1938, pero no
estaba tan bien dirigida, no era tan rentable, y no era tan atractiva.*
De esta historia se pueden extraer dos lecciones principales. La
primera es que el mercado de valores se equivoca mucho de vez en cuando,
y en ocasiones un inversor valiente que esté alerta puede aprovecharse de
esos errores manifiestos. La otra es que la mayor parte de las empresas
cambian de naturaleza y calidad a lo largo de los años, en ocasiones para
mejor y tal vez más frecuentemente, para peor. No es necesario que el
inversor vigile los resultados de sus empresas como un halcón; no obstante,
sí debería examinarlos a fondo de vez en cuando.
*
La. historia más reciente de A & P es prácticamente igual. Al final del año 1999, la cotización de sus
acciones era de 27,875 dólares; al final del año 2000, era de 7,00 dólares; un año después, de 23,78
dólares; al final del año 2002, era de 8,06 dólares. Aunque posteriormente salieron a la luz algunas
irregularidades contables de A & P, va en contra de toda lógica creer que el valor de una actividad
empresarial relativamente estable como la del comercio de ultramarinos pueda reducirse en tres cuartos
en.un año, triplicarse al año siguiente y volver a reducirse en dos tercios al año posterior al siguiente.
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