EL INVERSOR INTELIGENTE
millones de dólares, aunque la empresa acababa de declarar que tenía 85
millones de dólares simplemente en efectivo y un capital de explotación (o
activo circulante neto) de 134 millones de dólares. A & P era la mayor
empresa minorista de Estados Unidos, o incluso del mundo, con un
historial continuo e impresionante de grandes beneficios a lo largo de
muchos años. Sin embargo, en 1938 Wall Street consideraba que esta
extraordinaria empresa valía menos que sus activos circulantes, lo que
significaba que valía menos como empresa con perspectiva de futuro que si
se liquidase. ¿Por qué? En primer lugar, estaban las amenazas de
imposición de impuestos especiales a las cadenas de tiendas; en segundo
lugar, porque los beneficios netos se habían reducido en el año anterior; y,
en tercer lugar, porque el mercado en general estaba deprimido. La primera
de estas razones era un temor exagerado que acabó resultando infundado;
las otras dos eran ejemplos típicos de efectos temporales.
Supongamos que el inversor hubiese comprado acciones ordinarias
de A & P en 1937 a, por ejemplo, 12 veces sus beneficios medios
quinquenales, o sea aproximadamente a 80. Nos abstendremos mucho de
afirmar que el posterior descenso hasta 36 no tuviese importancia para
nuestro inversor. Habría hecho bien en analizar cuidadosamente la
situación, para comprobar si había cometido algún error de cálculo. No
obstante, si los resultados de su estudio fuesen tranquilizadores, como
debería haber ocurrido, podría considerar, justificadamente, que el declive
del mercado era un capricho temporal de las finanzas, y que debía
desentenderse de él, salvo que tuviese los recursos y el coraje de
aprovecharlo y comprar un mayor número de las acciones a precio de
oportunidad que se le estaban ofreciendo.
Acontecimientos posteriores y reflexiones
Al año siguiente, 1939, las acciones de A & P ascendieron hasta
117,50, o lo que es lo mismo tres veces el precio mínimo de 1938, muy por
encima de la media de 1937. Dicha inflexión en el comportamiento de las
acciones ordinarias no es en absoluto infrecuente, pero en el caso de A & P
fue más llamativo que en la mayoría. En los años siguientes a 1949 la
cadena de tiendas de ultramarinos ascendió con el mercado general hasta
que en 1961 sus acciones desdobladas (10 por 1) alcanzaron un punto
máximo de 70,5 que era equivalente a 705 si se hubiese mantenido íntegra
la acción de 1938.
El precio de 70,5 era destacable por el hecho de que suponía
multiplicar por 30 los beneficios de 1961. Un PER de ese calibre, que debe
compararse con un PER de 23 para el DJIA en ese año, debería haber dado
230