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EL INVERSOR Y LAS FLUCTUACIONES DEL MERCADO brillantez de las perspectivas, es decir a un crecimiento previsto superior al de la media, no tendrá ninguna dificultad para encontrar una amplia selección de acciones que cumplan nuestros criterios. En nuestros capítulos sobre la selección de acciones ordinarias (capítulos 14 y 15) ofreceremos datos que mostrarán que más de la mitad de las acciones del DJIA cumplían nuestro criterio de relación entre activo y valor a finales de 1970. La acción que está repartida de forma más generalizada en el mercado, la de AT&T, se vendía, de hecho, por debajo del valor del activo tangible de la empresa en el momento de redactar estas notas. La mayor parte de las acciones de empresas energéticas, además de sus otras ventajas, están disponibles en la actualidad (principios de 1972) a precios razonablemente cercanos a los valores de su activo. El inversor cuya cartera esté integrada por acciones que tengan el apoyo de tales valores contables está en condiciones de adoptar una posición mucho más independiente y distanciada de las fluctuaciones del mercado que los inversores que han abonado elevados múltiplos de los beneficios y del activo tangible por las acciones de sus carteras. En tanto en cuanto la capacidad de generar beneficios de sus participaciones siga siendo satisfactoria, podrá desentenderse en la medida que desee de las oscilaciones caprichosas del mercado. Aún más, en ocasiones podrá utilizar esas oscilaciones caprichosas para jugar al juego maestro de comprar barato y vender caro. El ejemplo A & P Llegado este momento, introduciremos uno de los ejemplos originales, de hace muchos años pero que ejerce cierta fascinación sobre nosotros porque combina muchos aspectos de la experiencia empresarial y de inversión. Está protagonizado por la Great Atlantic & Pacific Tea Co. Ésta es la historia: Las acciones de A & P fueron admitidas a cotización en el mercado «Curb», que en la actualidad es la American Stock Exchange, en 1929 y llegaron a cotizar a 494. En 1932 habían descendido hasta 104, aunque los beneficios de la empresa eran prácticamente igual de cuantiosos en aquel año catastrófico en términos generales de lo que lo habían sido anteriormente. En 1936 la cotización osciló entre 111 y 131. Después, en la recesión empresarial y el período bajista de mercado de 1938 las acciones descendieron hasta un nuevo punto mínimo de 36. Ese precio era extraordinario. Significaba que las acciones ordinarias y las preferentes alcanzaban, en conjunto, un precio de venta de 126 229